En un mundo interconectado, el cine necesita puentes, no muros.

El cine es mucho más que entretenimiento: es una herramienta cultural poderosa que construye identidades, difunde ideologías y genera vínculos simbólicos entre naciones. Imponer aranceles a las películas extranjeras, como propone Donald Trump en nombre de una supuesta protección nacionalista, empobrece tanto al espectador como al creador.

El claro ejemplo es Hollywood que paradójicamente, vive del mundo. En 2024, películas como Inside Out 2 y Barbie recaudaron más del 55 % de sus ingresos fuera de Estados Unidos. Su éxito no es un milagro doméstico sino el resultado de un diálogo constante con un público global que consume, interpreta y resignifica historias.

«Inside Out 2» recaudó 653 millones en Estados Unidos y 1,046 millones en el extranjero.

El espectador transita geografías cinematográficas

La cultura cinematográfica contemporánea ha prosperado gracias al libre flujo de contenidos. El espectador del siglo XXI está acostumbrado a transitar entre idiomas y geografías: desde el cine surcoreano que triunfa en festivales, hasta el cine latinoamericano que conquista plataformas de streaming. Imponer barreras arancelarias es negar esta realidad multicultural que define nuestra era.

Las películas más taquilleras de 2024 reflejan esa lógica de interdependencia. Títulos como Dune: Part Two, Wonka, The Marvels o Kung Fu Panda 4, son producciones diseñadas para una audiencia global: mezclan referentes culturales, adoptan estrategias narrativas inclusivas y se construyen como híbridos estéticos pensados para resonar en Asia, Europa y América Latina.

A su vez, filmes extranjeros con gran recepción en EE.UU., como Parasite (Corea del Sur) o La Vida es Bella (Italia), demuestran que el público estadounidense no es ajeno a propuestas fuera del mainstream local. Impedir su entrada por razones políticas o económicas es ignorar la complejidad y la diversidad del consumo cultural actual.

Parasite, primera película en idioma no inglés en ganar el Oscar a la Mejor Película

¿Y cómo afectan los aranceles al cine latinoamericano?

Si América Latina respondiera con medidas similares, se pondrían en riesgo los acuerdos de coproducción y distribución que han permitido a cineastas de la región colaborar con estudios estadounidenses. Películas como Roma (Alfonso Cuarón) o Bardo (Alejandro G. Iñárritu) no hubieran alcanzado el mismo impacto global sin estas alianzas transnacionales. Además bloquear estos intercambios sería cerrar la puerta a nuevas voces que enriquecen el panorama cinematográfico.

Roma, primera película mexicana en ganar Mejor Película en Lengua Extranjera en los Oscar

Entonces, ¿protección o sabotaje?

La intención de “proteger” a Hollywood mediante aranceles revela una preocupante incomprensión del funcionamiento cultural y económico del cine global. Lejos de fortalecer la industria local, medidas de este tipo podrían aislarla, reduciendo su vitalidad creativa y poniendo en riesgo sus ingresos internacionales. Además, limitan el debate cultural y promueven una visión estrecha, excluyente y empobrecida de lo que significa hacer y consumir cine.

Trump, al imponer una visión proteccionista, corre el riesgo de convertirse en el saboteador interno de una de las industrias culturales más influyentes del mundo. La paradoja es amarga: en nombre de la soberanía, se amenaza la diversidad que ha hecho de Hollywood un fenómeno global.

Donald Trump, como él mismo, en «Ghosts Can’t Do it».

Una respuesta a «Trump y sus aranceles:¿protegen a Hollywood o lo destruyen?»

  1. […] el sector artístico, los aranceles afectan el comercio de obras de arte, materiales y productos culturales. Aunque los aranceles directos a obras de arte son poco comunes, los costos asociados con el […]

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