Ariadne Rodriguez

Con la creciente oleada de influencers de moda, podría parecer que los desfiles han perdido su razón de ser. Sin embargo, lejos de desaparecer, los fashion shows siguen siendo el corazón simbólico y estratégico de la industria. No son solo pasarelas donde se muestra ropa, sino rituales culturales que condensan creatividad, identidad y deseo.

Desde los años 40, cuando Christian Dior redefinió la feminidad del siglo XX con su “New Look”, los desfiles se consolidaron como un espacio de narrativa y poder simbólico. En la actualidad, aunque el formato se ha transformado a través de las experiencias digitales, su propósito esencial permanece: crear conexión emocional, generar conversación y posicionar a las marcas dentro del imaginario colectivo.

Más allá del espectáculo, los desfiles de moda cumplen funciones sociales y culturales profundas. Según el teórico francés Roland Barthes, la moda no solo comunica tendencias, sino significados. Los desfiles son una forma de discurso visual: hablan sobre los valores de una época, los cambios sociales y las tensiones entre identidad e imagen.

En términos de consumo, los desfiles siguen siendo la estrategia más efectiva de storytelling para las marcas. Las semanas de la moda en París, Milán, Nueva York y Londres no solo atraen prensa especializada, sino millones de espectadores en redes sociales. En 2024, por ejemplo, el desfile de Coperni alcanzó más de 20 millones de reproducciones en TikTok, demostrando cómo un evento presencial puede amplificarse en el entorno digital y convertirse en un fenómeno viral. Este entrelazamiento entre lo físico y lo virtual refuerza la idea de que los desfiles hoy no solo venden ropa, sino emociones y experiencias compartidas.

Además, su relevancia radica en que siguen siendo espacios de legitimación: es ahí donde una marca demuestra su capacidad creativa, técnica y conceptual. Un desfile exitoso puede elevar la percepción de valor de una firma, atraer colaboraciones estratégicas y marcar tendencia durante toda una temporada. Incluso en tiempos donde el see now, buy now y el digital fashion cuestionan la temporalidad tradicional, el desfile mantiene su poder de instaurar deseo, anticipar narrativas y definir hacia dónde se mueve la cultura.

En última instancia, los desfiles de moda siguen siendo relevantes porque funcionan como espejos de nuestra sociedad. En ellos convergen arte, tecnología, política y sostenibilidad; se discute el futuro del cuerpo, del género y de la estética. La pasarela es un escenario simbólico donde se interpreta quiénes somos y quiénes aspiramos a ser.

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