La edición 2025 del Volvo Fashion Week México nos dio una respuesta clara a una pregunta que la industria llevaba tiempo formulándose:
¿Cómo se ve el futuro de la moda mexicana cuando empieza a hablar en su propio idioma?
Volvo Fashion Week México se consolidó como un espacio abierto a sustentabilidad, cultura local y estética, donde cada pasarela funcionó como un manifiesto distinto sobre identidad, emoción y autenticidad.

La respuesta estuvo en los contrastes. Harris & Frank presentó una sastrería impecable, que reinterpretó la elegancia masculina con estructuras precisas y un aire retrofuturista. Destacó la presencia de algo hipnótico en la quietud de sus prendas, en cómo cada corte se sentía calculado pero emocional.


Pepsi conectó art pop con su propuesta, una mezcla de streetwear, arte urbano y nostalgia visual,
presentó una cápsula que celebró la autenticidad sin pretensión, un recordatorio de que la moda
comercial también puede ser divertida sin perder discurso.


Vero Solís presentó “Josefina”, una colección que trajo el glamour clásico reinterpretado con una madurez contemporánea.

Su colección fue un homenaje a la feminidad como fuerza, flecos, texturas y denim por todos lados, una paleta que iba del nude al carmín pasando por una variedad
de tonos verdes con incrustaciones de cristales y bordados, tan elegante como emocional.

René Orozco presentó una colección que respiraba naturaleza y tactilidad. Entre tonos rosas y
verdes oliva, las piezas de macramé parecían crecer sobre la piel como extensiones orgánicas del
cuerpo. Su propuesta equilibró dulzura y estructura, recordando que la belleza puede ser tan suave
como firme.


Vardø, llevó el concepto del “bardo” en las etapas —Duelo, Decisión y Evolución— a una dimensión emocional. Su pasarela, envuelta en luz baja y atmósfera ritual, nos llevó a un escenario immersivo en el que la muerte y el renacimiento se convierten en un proceso espiritual.

Volvo Fashion Week 2025 marcó un punto de inflexión para la moda mexicana: una escena que ya nobusca imitar, sino narrar. Entre la clásica sastrería, la experimentación textil y las atmósferas sensoriales, esta edición demostró que el diseño nacional está encontrando su propia voz, una voz que se mueve entre la emoción, la memoria y la materia, VFWMX fue más que una semana de moda:
fue el inicio de una nueva conversación sobre identidad y propósito.

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