La Galería Apolo está en el corazón del Louvre, este espacio se impone como un manifiesto visual del absolutismo de Luis XIV, el monarca que quiso verse reflejado en el dios del Sol. La galería no solo fue una obra arquitectónica, sino una declaración simbólica: el arte como espejo del poder divino.

Su razón de ser

La historia de la Galería Apolo comenzó en 1661, cuando un incendio devastó los antiguos salones del palacio del Louvre. Lejos de interpretarlo como tragedia, el Rey Sol lo vio como oportunidad para crear algo más grandioso. Encomendó el diseño al arquitecto Louis Le Vau y la decoración a Charles Le Brun, su pintor de confianza y cerebro visual detrás del programa iconográfico real.

El propósito era claro: glorificar al monarca mediante una alegoría solar. Los frescos, molduras doradas y esculturas narraban el recorrido del dios Apolo —una figura que Luis XIV adoptó como alter ego político— para simbolizar la luz, el orden y la eternidad del reino francés.

Les vitrines des joyaux de la Couronne Foto: Louvre

Una galería que inspiró a Versalles

El proyecto fue interrumpido en varias ocasiones, entre conflictos, reformas y cambios de residencia de la corte. Sin embargo, su impacto fue inmediato: la Galería Apolo sirvió de modelo para la célebre Galería de los Espejos en el Palacio de Versalles. Lo que se ensayó en el Louvre se replicó allí con mayor escala, convirtiéndose en el sello del barroco francés.

Delacroix y la restauración del siglo XIX

Durante más de un siglo, la galería permaneció incompleta. Fue hasta el siglo XIX, bajo el reinado de Napoleón III, que se retomaron las obras. El arquitecto Félix Duban lideró la restauración y el artista Eugène Delacroix pintó el fresco central que hoy corona el techo: Apolo venciendo a la serpiente Pitón (1851), una escena de energía y movimiento que encarna la victoria de la luz sobre la oscuridad.

Delacroix, representante del romanticismo francés, aportó una nueva lectura: el mito solar ya no como símbolo de un monarca, sino como metáfora del arte y la libertad creadora.

El brillo de las joyas y la eternidad del mito

Hoy, la Galería Apolo alberga parte de las joyas de la Corona de Francia, entre ellas la célebre corona de Luis XV y el diamante Regente. El diálogo entre la decoración y las piezas refuerza la idea de esplendor y permanencia: la luz, el oro y el mito sobreviven incluso a los imperios.

Más que un corredor del museo, la Galería Apolo es una cápsula de tiempo que condensa la evolución del arte francés —del barroco al romanticismo— y la aspiración humana a trascender a través de la belleza. Entre mármoles, frescos y reflejos, sigue ardiendo el mismo sol que Luis XIV quiso inmortalizar.

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