Berghain es uno de los clubes más famosos e influyentes del mundo, considerado el templo del techno.
Está ubicado en Berlín, Alemania, en una antigua planta eléctrica que se encuentra justo en el límite entre los barrios Kreuzberg y Friedrichshain (de ahí su nombre: Ber de Berlín y ghain de Friedrichshain).

Es reconocido por su sonido techno industrial y experimental. Alberga a algunos de los DJs más importantes del género, con sesiones que pueden durar días.

Si hablamos de su arquitectura, su espacio es enorme, con techos muy altos, su estética es brutalista y tiene un diseño que conserva la sensación de fábrica abandonada.

Berghain representa la libertad total y el hedonismo berlinés: no hay cámaras, no se permite grabar ni tomar fotos, y su filosofía gira en torno a la privacidad y la expresión sin límites. Su política de entrada es legendaria por ser extremadamente selectiva.

Sven Marquardt.

El portero Sven Marquardt, fotógrafo y figura icónica del club, decide quién entra — y quién no — con criterios misteriosos que han alimentado su fama.

Dentro, la música, la oscuridad, y el anonimato crean una experiencia casi espiritual. Es más que una fiesta: es un ritual moderno.

En la cultura contemporánea, Berghain se ha vuelto símbolo de libertad creativa, intensidad emocional y subcultura electrónica. Por eso muchas obras —incluyendo ilustraciones y referencias en moda o arte— lo usan como metáfora de identidad, energía y transformación.

Berghain, con su aura de misterio y libertad, representa mucho más que una pista de baile: es un santuario donde las identidades se disuelven y la autenticidad se impone. En ese universo de luces mínimas y beats infinitos, Rosalía se convierte en símbolo de metamorfosis —una artista que, como el club, fusiona lo tradicional con lo radical, lo íntimo con lo performático.

El Berghain nació de la energía subcultural del Berlín de los años noventa, justo después de la caída del Muro, cuando la ciudad se convirtió en un terreno fértil para la experimentación artística, sexual y musical.

De planta eléctrica a templo del techno

Antes de Berghain, existía un club llamado Ostgut, fundado en 1998 por Norbert Thormann y Michael Teufele, los mismos creadores de Berghain.

Ostgut estaba ubicado en un antiguo almacén junto al antiguo muro de Berlín, y rápidamente se volvió famoso por su ambiente libre, queer y underground.

En 2003, el espacio fue demolido, pero los fundadores decidieron reinventarlo en una antigua central eléctrica abandonada, en la frontera entre los barrios Kreuzberg y Friedrichshain.

Así nació Berghain, que abrió oficialmente en 2004. Su nombre proviene precisamente de la fusión de esos dos barrios: BER (de Kreuzberg) + GHAIN (de Friedrichshain).

Desde su inicio, Berghain se propuso preservar el espíritu del underground: un lugar donde la música, el arte y el cuerpo pudieran coexistir sin juicios ni etiquetas.

Su música se centra en el techno más puro e hipnótico, con DJs residentes legendarios como Ben Klock y Marcel Dettmann.

El club tiene varios niveles, el Berghain (zona techno principal), el Panorama Bar (en el piso superior, con house más melódico) y Säule, un espacio para propuestas experimentales.

Ha sido reconocido incluso como institución cultural oficial por el gobierno alemán, al nivel de teatros y museos.

Berghain no solo es un club, sino un espacio donde la música y la identidad se funden; un laboratorio social y sonoro donde cada fin de semana se escribe una nueva página de la historia del techno y la libertad urbana así como la inspiración que le dio a La Rosalia.

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