No se si te puedes identificar conmigo en esto, pero yo me he encontrado a lo largo de mi vida con este patrón y es que cuando algo no va bien y en muchos casos aun no estoy siendo consciente de qué se trata, de pronto soy incapaz de escuchar música.
Para mi la música siempre ha funcionado como un transformador de energía. Es una especie de fuel que estimula todas las esquinas de mi mente. Me hace establecer conexiones que parecían imposibles en el silencio. También me lleva de viaje a momentos muy concretos.

Dulces y amargos. Pero de pronto una canción te arrastra a ese instante, casi lo puedes oler, lo sientes en la piel.
Es por esto que sé, que cuando en lugar de poner música prefiero escuchar de fondo una serie que me he visto mil veces, como una especie de ruido blanco que actúa de inhibidor de mis pensamientos, es cuando sé que algo tiene que estar yendo realmente mal.

Ha vuelto a pasar. Hace poco me encontré de nuevo paralizada ante la música. Los mundos que es capaz de crear en mi mente parecían imposibles de soportar. Una vez más me he auto impuesto un bloqueo, igual que cuando Rue en Euphoria se ve horas infinitas de reality shows a modo de desconexión emocional.
Me he vuelto a encontrar en la tesitura de que descubrir una canción o el más mínimo susurro de una melodía conocida, casi duela como una herida.
Pero aquí viene lo bueno. Un lema universal. Los finales siempre son principios y así como apago el equipo de sonido, lo vuelvo a encender.
Y esta vez lo he encendido al tope de potencia. Siento que estoy en la primavera de mi vida y necesito temas nuevos para esta temporada. Temas que suenen contundentes, que toquen todas las teclas que hace unos meses tenía bajo llave.


He descubierto una cantera de mujeres artistas con un sonido tan regio, tan auténtico que me pongo furiosa cuando las escucho. Como cuando algo te gusta tanto y está tan tan bien hecho que te llega a dar rabia.
Han entrado en mi playlist (y sí, ya sé que llego tarde), artistas como Bktherula. Una cantante y rapera de Atlanta, Georgia, que forma parte de una generación de músicos que aunque reverencien a sus antecesores, no tienen miedo de refrescar ciertos géneros.

Sin parecer importarles no seguir el camino lucrativo de fórmulas anteriores.
A Bktherula la descubrí este agosto. Llegó en el momento perfecto.
Si no recuerdo mal, el primer tema suyo que cayó en mis manos fue Insane, que es literalmente una locura. Al igual que lo fue mi verano. Empieza fuerte, sigue fuerte y termina fuerte. Es imposible escuchar este tema sin asentir con el ceño fruncido.
Un sonido híbrido entre trap, punk rap y rage. Beats distorsionados, tempo acelerado, una energía caótica que irrumpe en la habitación y lo invade todo.
Otro de los temas que me han hipnotizado de la artista, es Boi. Una cara más melódica y vulnerable, pero sin perder un gramo de dureza. Lo que no hace más que probar el rango de la cantante sin diluir su identidad.
Bk fue para mí la obertura. La patada en la puerta. Las primeras notas de una nueva etapa. El sonido perfecto para ese momento en que estás al borde de lo desconocido y sientes la emoción de que cualquier cosa puede pasar.
Si Bktherula fue el estallido, Glockkitty ha sido el caos contenido. Ella es otra de las artistas emergentes que ha inundado los muros de mi casa con un sonido capaz de generar una sensación de caos controlado que te recorre el cuerpo entero.
Un sonido que parece que quiere recordarte a algo. Ken Carson, Destroy Lonely, Playboy Carti.
Quieres meterlo en algún cajón, pero es bien difícil. Sintetizadores distorsionados, agudos y agresivos. Bases minimalistas pero muy energéticas, no es trap tradicional, es trap que ha mutado hacia lo digital y lo punk.
Una producción que parece diseñada para auriculares no para la radio.

Esos graves secos, una sensación casi opresiva. Sus beats invitan más a tensionar que a mover el cuerpo, con esa especie de clima oscuro y agresivo que por momentos recuerda al drill estadounidense.
Hay dos temas que me alucinan en especial con los que he quemado el botón de replay: IGTM y romania. Te invito a escucharlos al menos una vez, si es que puedes dejarlo ahí. Glockkitty es un clara heredera del rap nacido en internet, del sonido post-Soundcloud. Una artista underground con una propuesta que no deja indiferente y los parásitos de mi mente ya llevan tatuada.
A Mazi la descubrí este Octubre. A punto de subirme a un avión me descargué un disco entero y me lo escuché de principio a fin durante el vuelo. En el aire íbamos las dos. Un sonido tan fresco, tan diferente a lo que había estado escuchando los últimos años. Justo lo que necesitaba.
La de Mazi es una propuesta más minimal, más introspectiva. Beats etéreos, hi-hats discretos, por momentos parece que te susurra al oido. Un sonido alternativo difícil de encasillar. Quiere recordarte en cierta medida al Cloud rap o incluso al Lo-fi emocional, pero ella se mueve en su propio terreno. La atmósfera pesa más que el golpe.
Es una de esas artistas que te enseñan que no hace falta gritar para ser dura.
Uno de los temas que más he quemado es Out of your Ligue. Melódico, contundente y el título parece un guiño hecho a medida. Al igual me ha sucedido con Vanity, que es casi una declaración estética y emocional. Pocos elementos. Sintetizadores suaves y melancólicos. Un tema que se te
va metiendo poco a poco en la piel.


Tres artistas que llegaron a mí en tres estados diferentes de mi vida. Cada una con su sonido, pero con la misma potencia. Encajando perfecto en cada de uno de ellos, como si alguien en Silicon Valley estuviese monitorizando mis listas según mi estado de ánimo.
Ya no soy capaz de empezar el día sin girar la rueda de mis altavoces hasta que roza el tope. La manera que tengo de saber que, mientras en mi casa suene música, hasta aquí todo va bien.

AQUÍ TE DEJO UNA PLAYLIST

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