
Pictured: Channing Tatum, Zoë Kravitz
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Así es, la vez pasada en este bonito espacio saqué mis traumas. Ahora hablemos de películas y otros rollos.
El bebé de Rosemary es en realidad la mayor proyección de Roman Polanski. El espejo del monstruo que es.
Con el paso del tiempo, este clásico se ha reinterpretado mil veces. Porque sí, es una película de terror clásico, del trascendental, que destaca por ser de las primeras películas que abarca al miedo y no al terror, se enfoca en crear una atmósfera sin jump scares, seres con prostéticos. Puro storytelling y suspenso del bueno.
No obstante y siendo esta la segunda vez que la veo, con mayor objetividad para ser honestos. He observado detalles que no puedo pasar desapercibida.
Tengo un mantra en mi cabeza que dice «el buen arte no tiene fecha de caducidad». La uso cuando siento que se me va el tren.
Este filme, cuestiona mi mantra y le da una variante «El buen arte no tiene fecha de caducidad pero se transforma».
Sastre, si mal no me equivoco (y si lo hago, ni modo, a corregir) creía que el arte es aquel que el hombre llama arte, existen artistas… sí, pero el arte no se reduce a un nombre, hombre o persona. Se expande según la obra, si es así entonces el artista será el consumidor, no quién lo hizo.
La obra deja de ser tuya cuando se vuelve de ellos, ahí ya hiciste tu trabajo.
-Sastre según mi parafraseada churpia.
¿Qué tiene que ver este contexto? Pues que la obra se transforma, se expande, reivindica y ese ya no es trabajo de Polanski (POPO).
Tengo 20 años, soy mujer mexicana y nací en una generación que ya sabe quién es Roman Polanski y todo lo que hizo mas aparte en una generación donde la sororidad es un valor fundamental. No puedo verla igual, no puedo separar la obra del autor, sobre todo cuando la película, sin querer, termina reproduciendo exactamente las violencias que él representa.
El verdadero monstruo no es Satanás, el verdadero monstruo es el novio de Rosemary, él la droga, la ultraja y la embaraza. Eso, en mi generación, es un delito. Pero en la película se trata casi como algo “normal”. Además, la menosprecia, la insulta, la llama fea, y encima le quita toda voz, todo poder sobre su propio cuerpo.
Y ni hablar de los satanistas. Gente que usa su cuerpo sin consentimiento, que la convierte en una incubadora de algo que no pidió, le roba hasta la posibilidad de decidir sobre su propia maternidad. Rosemary solo quería ser feliz, tener un bebé y vivir tranquila con su pareja. Pero la película le niega todo eso. La reduce a un útero con patas.
Por eso mi escena favorita es cuando Rosemary le escupe en la cara a su novio. Ahí siento que algo dentro de ella despierta, aunque sea tarde. Es el único momento donde se rebela.
Este terror es natural y cotidiano, es un reflejo de la masculinidad violenta y el de su creador. El monstruo no es el bebé es la variante de Polanski llamada GUY.

Con los pelos de punta… René.
Fecha de estreno: 12 de junio de 1968.
Género: Terror psicológico.
Duración: 2hrs 15 min.



