Ariadne Rodriguez

Semana de la moda masculina. Izq. Dolce & Gabanna; Centro. ZEGNA; Der. Ralph Lauren
La moda masculina, tal como la conocemos hoy, no siempre fue un espacio de exploración creativa ni de expresión individual. Durante décadas, vestir para los hombres estuvo ligado casi exclusivamente a la funcionalidad, la sobriedad y el estatus social. Sin embargo, su evolución —desde las primeras pasarelas hasta el presente— revela una transformación profunda: la moda masculina dejó de ser un uniforme para convertirse en un lenguaje.
Las primeras presentaciones formales de moda masculina surgen a mediados del siglo XX, especialmente en Europa. Antes de esto, los sastres eran los grandes protagonistas: trajes hechos a la medida que respondían a normas estrictas de elegancia y masculinidad. Fue en 1952 cuando Pierre Cardin presentó uno de los primeros desfiles dedicados exclusivamente al menswear, marcando un punto de quiebre. A partir de ese momento, la moda masculina comenzó a reclamar su propio espacio dentro del sistema de la moda, ya no como un apéndice de la moda femenina, sino como un territorio con identidad propia.
Durante los años 60 y 70, este espacio empezó a expandirse. Diseñadores como Yves Saint Laurent introdujeron siluetas más fluidas, colores audaces y referencias culturales que rompían con la rigidez del traje tradicional. La moda masculina se volvió un reflejo de los movimientos sociales: la liberación juvenil, la música, el arte y la política comenzaron a dialogar con la ropa. Vestirse ya no era solo cumplir una norma, sino tomar postura.
En los años 90 y principios de los 2000, el menswear se consolidó como una industria global. Aparecieron semanas de la moda dedicadas exclusivamente a hombres —como Pitti Uomo en Florencia o la Semana de la Moda Masculina de París— y el discurso creativo se volvió más complejo. El streetwear, la cultura urbana y el lujo comenzaron a mezclarse, diluyendo fronteras entre lo “formal” y lo “casual”. La ropa empezó a contar historias más personales.
Hoy, la importancia de la moda masculina no radica en la distinción de géneros, sino en la libertad creativa que representa. En un contexto donde las categorías tradicionales se cuestionan, el menswear se ha convertido en uno de los espacios más interesantes para la experimentación estética. Diseñadores como JW Anderson, Rick Owens o Pharrell Williams en Louis Vuitton han demostrado que la moda masculina puede ser sensible, conceptual, política y profundamente expresiva.

Cortesía. Pinterest.
Más que definir cómo “debe” vestirse un hombre, la moda masculina contemporánea habla de identidad, de emoción y de individualidad. Vestirse es una forma de narrarse, y esa posibilidad hoy pertenece a todo el mundo. La ropa deja de ser una etiqueta de género para convertirse en una herramienta de expresión personal.
En ese sentido, la moda masculina es relevante no por lo que separa, sino por lo que conecta: creatividad sin límites, cuerpos diversos y la idea de que la forma en la que nos vestimos es una extensión de quiénes somos. Porque hoy, más que nunca, la moda no distingue: comunica




