
Lejos de responder al formato clásico de boutique, este proyecto se concibe como una obra escultórica habitable, un punto de encuentro entre moda, arte y arquitectura.
El edificio, de fachada amarilla y formas orgánicas, parece emerger del suelo como una estructura viva. No es un gesto decorativo: es una declaración. Aquí, la experiencia de compra se diluye para dar paso a una experiencia sensorial, donde el espacio dialoga con la identidad bohemia, libre y profundamente parisina de la marca.

Isabel Marant: el lujo del no-lujo
Fundada en París en 1995, la casa Isabel Marant ha construido una trayectoria sólida basada en una idea clara: vestir a mujeres (y hombres) reales, sin rigidez ni artificio. Su estilo, identificado con el effortless chic, mezcla referencias bohemias, influencias étnicas, actitud urbana y una elegancia relajada que huye del exceso.
A lo largo de los años, Marant ha logrado algo poco común en la industria: mantener una identidad reconocible sin caer en fórmulas repetidas. Líneas como Marant Étoile y Marant Homme amplifican ese ADN, siempre con un enfoque contemporáneo y funcional. Japón, con su profunda valoración por el diseño, la artesanía y el detalle, se convirtió naturalmente en un territorio clave para la marca.
Yutaka Sone: el artista detrás de la tienda que parece plastilina
Para materializar este proyecto,
colaboró con Yutaka Sone, uno de los artistas contemporáneos japoneses con mayor proyección internacional. Nacido en Shizuoka en 1965, Sone ha desarrollado una carrera que transita entre la escultura, la instalación y la arquitectura, explorando constantemente la relación entre naturaleza, ciudad y percepción.
Formado en la Universidad de las Artes de Tokio, su obra se caracteriza por un dominio técnico meticuloso y una fascinación por las formas orgánicas, los paisajes y las estructuras que parecen estar en transformación. Sus trabajos han sido exhibidos en museos y bienales internacionales, y muchas de sus piezas juegan con la escala, la topografía y la materialidad.

Un encuentro natural entre moda y arte
Aunque no existe un relato oficial detallado sobre el primer contacto entre Marant y Sone, la colaboración parece casi inevitable. Ambos comparten una sensibilidad común: el interés por lo artesanal, lo imperfecto, lo humano. La elección de Sone no responde a una estrategia de marketing, sino a una afinidad conceptual: crear un espacio que se sienta vivido, no diseñado para ser intocable.
El resultado es un edificio que funciona como escultura, pero también como refugio. En su interior, las colecciones de prêt-à-porter, accesorios y calzado se integran de manera orgánica al espacio, sin jerarquías rígidas. Todo fluye, todo convive.
Más que una tienda
Con más de 200 metros cuadrados, la Yellow House no solo refuerza la presencia de Isabel Marant en Asia, sino que redefine lo que puede ser una boutique de moda en el siglo XXI. Es un manifiesto silencioso sobre cómo el retail puede convertirse en cultura, y cómo la moda puede dialogar con el arte sin perder su función.
En Tokio, Isabel Marant no solo vende ropa: propone una forma de habitar el estilo.




