Hay algo profundamente íntimo en probar un platillo por primera vez. Ese segundo exacto en el que el paladar intenta entender lo que está pasando, cuando el cuerpo se adelanta a la cabeza y la reacción es completamente sensorial. Comer, en esos momentos, deja de ser automático y se convierte en un pequeño acto de goce consciente.


Eso es lo que me pasa cada vez que voy a Koyi. No importa si la visita es en San Miguel Chapultepec o en Condesa —dos espacios distintos, misma intención—, la experiencia se siente lógica: una cocina que no busca impresionar desde lo «muy tradicional», sino desde el equilibrio y la sorpresa bien medida.
En Koyi, los sabores viajan con calma. Hay acidez que nos pone alerta, picor que aparece sin ser invasivo, grasas que envuelven y umami que se queda un segundo más de lo esperado. Nada está ahí por accidente. Cada platillo parece pensado para provocar esa reacción silenciosa que sucede cuando algo realmente te gusta: una pausa, una sonrisa involuntaria, el deseo inmediato de volver a probar.

Empiezo casi siempre por los nigiris del día, porque ahí se entiende todo. El arroz está en su punto, el pescado se siente limpio, preciso, y el conjunto habla de técnica sin necesidad de explicarla. Luego aparece uno de esos platos que se quedan grabados: el shari con wagyu y yema curada, una sola cucharada que condensa cremosidad, profundidad y un balance perfecto entre confort y sofisticación.



El aburi hamachi roll es otro de esos imprescindibles que no empalagan ni abruman; el flameado justo realza la grasa natural del pescado y deja una sensación tibia, elegante. Y cuando llegan los contrastes más marcados, como el tiradito de kampachi con yuzu kosho, el paladar agradece esa mezcla entre lo cítrico, lo fresco y un picor sutil que aparece al final, casi como un recordatorio.


Incluso en platos aparentemente más simples, como el harumaki veggie, hay intención.Y para cerrar, el pie de matcha con frambuesa y helado de leche funciona como un final delicado, equilibrado y memorable.
Koyi no es un lugar que se impone por imponerse. Se descubre. Y quizá por eso se disfruta tanto. Porque en un momento como ahora, donde todo quiere llamar la atención al mismo tiempo, aquí los sabores hablan bajito, pero con claridad. Y cuando eso pasa, el placer es más duradero.
Roma Norte: Cozumel 94
San Miguel Chapultepec: General Antonio León 21




