En un momento como el que vivimos actualmente, saturado de imágenes y estímulos visuales, dedicar una semana al arte parece una contradicción.

En un país que el año pasado sufrió un recorte presupuestal del 30% en materia de Cultura, abre la reflexión hacia por que el arte aun en este clima político, social económico y cultural sigue manteniéndose como un tema de conversación e invita a la pregunta de ¿para qué sirve el arte en esta época?
En la última década hemos caído en la dinámica consumista de imágenes y de estímulos visuales que nos hace cuestionarnos si el arte es aun relevante en este funcionar de la sociedad, llevándome a reflexionar con teorías como la de Marx que refería a que el arte reflejaba las tensiones de clase y las relaciones de poder, puesto que cada artista en su obra aborda sus preocupaciones y por lo tanto, su realidad; o Walter Benjamin que aborda como el arte democratizado se vuelve en un objeto de las masas, para convertirse en herramienta política; sumado a ello Bertolt Brecht que menciona que el arte funciona para modificar la realidad una vez que te incita a la conciencia crítica, es decir, el arte muestra, invita a reflexionar y a partir de el se pueden tomar acciones para el cambio y la toma de conciencia.


Quipu Menstrua (2017), Cecilia Vicuña 1550 sillas (2003), Doris Salcedo
Pero, estas declaraciones ¿aún son aplicables a la escena artística contemporánea? y la respuesta es sí, el arte en este momento histórico más que nunca, nos pone un freno, nos detiene frente a una pieza y nos invita a cuestionarnos.
Cuando el arte no repite moldes ni modelos, o es un cliché, nos aísla de la contaminación visual, cuando presenta una pieza que no es inmediata como una imagen de redes sociales, nos propone una reflexión, provocando en primera instancia cuestionar cada uno de sus elementos compositivos y después sus significados.

Artistas como Teresa Margolles, Doris Salcedo, Joel-Peter Witkin o Cecilia Vicuña, abordan a través de su obra la violencia, la muerte, la indiferencia del poder, que propicia un cuestionamiento de la política y las condiciones sociales, como critica sobre el estado actual de las estructuras.


Ya basta hijos de puta (2018), Teresa Margolles
De esta manera, el arte sigue importando y en las propuestas de la semana del arte, se invitó a reflexionar a través de las piezas sobre diversas dinámicas sociales, por ello, la respuesta es que el arte sigue importando y hoy más que nunca el arte es uno de nuestros objetos más preciados porque incita a la conciencia crítica.




