Nos invitaron a conocer el atelier de Huakal, ubicado en la calle de Huichapan, 25, Colonia Condesa. Llegamos en punto de las 10:00 am, Annette Arellano, fundadora de Huakal en México y España y Adán Cárabes, arquitecto y fundador de Proyectos Paraíso nos recibieron.
Fue una charla, sobre cómo es que nació esta mancuerna que entre risas acotaban que era como casi como «un matrimonio» la complicidad se respira, es de esos equipos que se admiran y se van consolidando. Entre galletas, café y un rincón de esos que mi abuela María hubiera disfrutado, nos refugiamos para hablar de la grandeza de la artesanía mexicana y del arte del buen vivir de manera ética, social y espiritual o energética, como lo quieran tomar…
Cuando el encuentro deja de ser coincidencia
Hay encuentros que no responden a la lógica profesional ni al networking habitual del mundo creativo. No suceden desde la agenda, sino desde algo más intuitivo, casi inevitable. Así describen Adán y Annette el inicio de una colaboración que hoy busca replantear la relación entre diseño, comunidad y propósito.
Curiosamente, pueden contar con precisión cuántas veces se han visto desde aquel primer momento. Apenas una decena de encuentros han bastado para construir una conexión que ambos describen como inmediata, profunda y difícil de explicar desde la razón.
El origen se sitúa en noviembre, durante una cena, en Casa Huakal, un espacio donde artesanía, arquitectura y tradición mexicana convergen. La celebración giraba en torno al Día de Muertos, rodeada de objetos simbólicos y piezas de barro esmaltado inspiradas en la lotería mexicana.

Durante la cena, cada lugar había sido cuidadosamente dispuesto con una pieza de cerámica inspirada en la lotería mexicana. Annette, quien conocía previamente la lista de invitados, decidió asignar personalmente cada nombre a las cartas colocadas boca abajo sobre la mesa, guiándose únicamente por intuición. Sin saberlo aún, la pieza destinada a Adán correspondía a La Muerte. Al tomar asiento y girar la cerámica, la revelación adquirió un significado inesperado: lejos de generar incomodidad, el símbolo fue recibido como un anuncio de transformación. Aquel gesto casi ritual —nombrar antes de conocer— terminó convirtiéndose en el primer vínculo entre ambos, una coincidencia cargada de sentido que marcaría el inicio de su encuentro.
Esta carta la recibió como un anuncio de transformación. ¡UN RENACER! Con una complicidad reviviendo esos momentos en exclusiva entrevista para Rrevista se reían a carcajadas, recordando este momento que surgió apenas en noviembre del 2025, «Diosidencias» comenzaron a exclamar.
“Cuando vi la muerte entendí que era un renacer. Fue como una señal de que algo nuevo estaba comenzando.” — Adán
La conversación comenzó casi de inmediato. En pocos minutos dejaron de hablar de proyectos para hablar de vida, pérdidas y espiritualidad. La afinidad no surgió desde el diseño, sino desde la vulnerabilidad compartida.
En un entorno donde la imagen suele anteceder a la autenticidad, lo que más sorprendió a Annette fue la ausencia de artificio.
“Lo que más aprecié fue encontrar a alguien real. Sin personaje, sin show. Eso es un privilegio en nuestro medio.” — Annette
Detrás del encuentro también existía un propósito mayor: Kalimori, fundación dedicada al acompañamiento de personas con discapacidad intelectual. Descubrir el trasfondo social del proyecto reforzó una intuición común: el diseño solo adquiere sentido cuando responde a algo más profundo que la estética.
Desde entonces, la relación se ha desarrollado con rapidez y solidez. Más que una alianza profesional, describen su vínculo como la convergencia de dos trayectorias que compartían una misma inquietud: dignificar la artesanía y visibilizar aquello que históricamente ha permanecido fuera del foco.
Annette explica que su trabajo nace de una experiencia personal que transformó radicalmente su manera de crear.
“No quiero que nadie vuelva a sentirse invisible. Mi trabajo busca levantar aquello que siempre ha estado en el suelo.” — Annette
Esa idea se vuelve literal y simbólica: elevar la artesanía, reconocer las manos detrás del objeto y sumarle dignidad cultural al proceso creativo.
Por su parte, Adán define la arquitectura desde una visión regenerativa. Tras abandonar una práctica tradicional centrada únicamente en el reconocimiento profesional, funda Proyectos Paraíso con una pregunta esencial.
“La arquitectura debe preguntarse para qué existe. Diseñar también puede curar, regenerar y transformar comunidades.” — Adán
Su propuesta entiende el diseño como un acto consciente capaz de regenerar territorio, comunidad y espíritu. Diseñar implica escuchar al lugar, pedir permiso y reconocer que ningún proyecto pertenece únicamente a quien lo firma.
Ambos coinciden en que su colaboración no busca protagonismo individual, sino amplificar el trabajo colectivo de artesanos, comunidades y creadores que sostienen cada proceso.
La imagen que mejor describe esta unión surge del imaginario de Las dos Fridas: Dos corazones que, tras trabajar de forma aislada, encuentran un punto donde valores y visiones se entrelazan.
“Nos encontramos dos corazones que ya trabajaban con el mismo propósito, solo que desde caminos distintos.” — Annette
Más que una colaboración, lo que emerge es una postura compartida: cuestionar qué hacemos con aquello que creamos y cuál es el impacto real de nuestras disciplinas en el mundo.
Porque, al final, la pregunta no es por qué hacemos las cosas. Sino para qué.



