Fuimos a comer a Quinquela, atraídos por su identidad clara y por una carta que deja ver, sin rodeos, su raíz: la cocina argentina como columna vertebral. Creado por Sebastián y Ezequiel Jance, el proyecto se ha consolidado como un espacio donde la tradición porteña dialoga con una sensibilidad contemporánea. No es casualidad que sea el hermano de Gardela; comparten ADN, pero cada uno tiene su propio temperamento.
En RREVISTA creemos que hay personas que leen la carta como quien interpreta un manifiesto personal. Y si algo confirma Quinquela es que elegir qué pedir también revela una sensibilidad: una forma de habitar la mesa, el tiempo y el gusto.
La experiencia comenzó con un Funky Tropical, preparado con mezcal Mil Diablos, concentrado de piña tatemada, maracuyá, jugo de naranja y Tajín. Después llegó el Martini de Lychee, con vodka, concentrado de lychee y jugo de naranja. Sin embargo, para nuestro gusto, la coctelería aquí no es indispensable: una buena copa de vino o incluso agua con gas acompañan perfectamente la experiencia y permiten que la cocina sea la verdadera protagonista.


Para comenzar, la mesa se construyó desde el compartir: el tartar de king kampachi, que se convirtió en el favorito absoluto para aquella tarde calurosa, fresco, ligero y preciso; seguido de aceitunas aliñadas y un queso provoleta con una dulzura como detalle sorpresa , un detalle muy fino que elevó el plato. Esta entrada nos dispuso a que cada bocado se disfrutara como un suspiro.
Llegó uno de los momentos más memorables de la tarde: el pan brioche recién horneado, embalsamado con aceite de oliva y espolvoreado con sal y ajo. Su textura era como tocar una nube, esponjosa y tibia, y el sabor… bueno, simplemente no hay palabras. Es de esos detalles que parecen simples pero que, cuando están perfectamente ejecutados, cambian por completo el ritmo de la mesa y confirman que aquí la experiencia se cuida desde el primer gesto. Además nos dejaron dos salsas de sus 100 opciones, ¡una locura! La salsa de zanahoría con habanero y una segunda salsa que era verde tatemada de chiles secos con kiwi por si queriamos darle un toque de picor a alguno de nuestros platillos. La de zanahoria nos encantó.
Desde la mesa contigua, una familia presumía lo deliciosas que son las empanadas de carne —comentario que inevitablemente quedó anotado para la siguiente visita.


En RREVISTA solemos decir que existen dos tipos de personas: la que ama la carne y la que encuentra placer absoluto en los vegetales. Bajo esa lógica, la carta de Quinquela permite convivir ambos mundos. El Rótolo de Espinaca, con fideo casero arrollado, ricotta, espinaca y parmesano gratinado con salsa fileto, funciona como un comfort refinado. Mientras que el Short Rib, con una cocción de 48 horas en vino Malbec acompañado de papas francesas caseras de doble cocción, salsa brava y alioli, confirma técnica, paciencia y profundidad de sabor.
El servicio destaca por su atención personalizada, cercana sin invadir, entendiendo el ritmo natural de cada mesa. A esto se suma una playlist curada entre indie, house y french que acompaña sin imponerse y construye una atmósfera relajada y contemporánea.
Es, además, uno de esos lugares a los que llevaría a mi papá —chef exigente y malhumorado— con la certeza de que aprobaría cada detalle. Y al mismo tiempo, un espacio al que regresaría una y otra vez con el amor de mi vida, decidida a probar toda la carta hasta poder emitir conclusiones definitivas sobre sabores, texturas y aromas.
Quinquela no solo se visita: se estudia, se comparte y se presume. Un lugar imperdible y presumible para un plan tranquilo y lindo, ya sea comida larga o cena sin prisa, donde la carta habla —y nosotros escuchamos.
UBICACIÓN: Zacatecas 139-PB, Roma Nte., Cuauhtémoc, 06700 Ciudad de México, CDMX
HORARIO: 13:00 A 22:00 HRS.



