Entre las muchas ironías conceptuales del maestro Friedeberg, surgió el chinchismo, un pseudo-movimiento artístico creado para ridiculizar la obsesión del mundo del arte por los “ismos”. Más que una corriente estética, fue un gesto satírico que condensaba el humor, el escepticismo y la postura crítica que definieron la obra del artista.

El chinchismo fue organizado por Friedeberg junto con Xavier Girón hacia finales de los años setenta. El nombre proviene de la palabra “chinche”, insecto doméstico, y funcionaba como una parodia directa de los grandes movimientos artísticos que dominaban el discurso cultural. La intención no era fundar una escuela real, sino ridiculizar la proliferación de etiquetas ideológicas en el arte moderno.
Como parte del proyecto, los artistas convocaron a alrededor de treinta creadores para inventar palabras derivadas del universo de las chinches, jugando con el lenguaje y con la retórica típica de los manifiestos artísticos. En esta operación irónica, la poeta mexicana Pita Amor fue nombrada musa del movimiento, reforzando el carácter absurdo y performativo de la iniciativa.

El chinchismo también se relacionó con La Chinche, una pequeña galería fundada en 1979 por Friedeberg y Girón en la Zona Rosa de Ciudad de México. El espacio, de apenas doce metros cuadrados y anexado a un estacionamiento, funcionó como laboratorio para exposiciones experimentales y gestos conceptuales que cuestionaban las estructuras institucionales del arte.
Lejos de buscar legitimidad histórica, el chinchismo operó como un anti-movimiento, coherente con el espíritu iconoclasta de Friedeberg. El artista ya venía de participar en Los Hartos, un grupo cercano al dadaísmo que rechazaba el arte político dominante en México y defendía el arte por el arte.
En ese sentido, el chinchismo no fue una propuesta estética formal sino una broma conceptual sobre el sistema artístico. Su existencia evidencia uno de los rasgos más constantes en la trayectoria de Friedeberg: la convicción de que el arte puede ser simultáneamente sofisticado, absurdo y profundamente crítico.
Más que un movimiento, el chinchismo fue una actitud: una pequeña picadura contra la solemnidad del arte.



