Fue creada a inicios de la década de 1960, cuando el artista tenía poco más de veinte años y formaba parte de la escena surrealista mexicana cercana a figuras como Leonora Carrington y Remedios Varo. Artistas del siglo XX.
Hoy con la noticia de su deceso, venimos a contar la historia de la obra que más aborreció.

La pieza nació casi como un gesto irreverente contra el funcionalismo moderno que dominaba el diseño de la época. También hizo mano pie, como silla. Si observamos su obra podemos ver variantes de esta silla.
Mientras el diseño industrial buscaba simplicidad, eficiencia y producción masiva, Friedeberg decidió hacer exactamente lo contrario: un objeto escultórico, simbólico y deliberadamente extravagante.
La silla tiene la forma de una mano abierta: La palma funciona como asiento, los dedos como respaldo y el pulgar como reposabrazos
Más que una silla práctica, el maestro Friedeberg la concibió como una pieza entre arte y mobiliario, un objeto surrealista que cuestiona la idea de que el diseño debe ser únicamente funcional. Dada la popularidad hoy día, existen hasta en tamaño miniatura.
La primera versión fue realizada en madera tallada, y con el tiempo se produjeron múltiples variantes pintadas en colores intensos o recubiertas en hoja de oro. Aunque existen varias ediciones, muchas fueron fabricadas artesanalmente en México, lo que contribuyó a que cada pieza tenga ligeras variaciones.

Con los años, la silla se convirtió en un ícono del diseño mexicano del siglo XX. Hoy forma parte de colecciones de museos y espacios de diseño alrededor del mundo, incluyendo el Museum of Modern Art y el Los Angeles County Museum of Art.
Con Friedeberg el diseño era ironía, juego y hasta fantasía.



