La película cuenta con un reparto de alta calidad con nombres como los de Chloë Sevigny, Willem Dafoe, el tonto de Jared Leto y sin dejar de lado al señor de la noche Christian Bale, el protagonista del filme y de mi vida.

Fácil he visto la película mínimo como cinco veces, el musical en un tutorial de slime, el libro de Bret Easton Ellis, incluso ha sido mi disfraz de Halloween favorito.

Un día, mientras mi hermana estaba en el home office, yo, en su cama jugando Animal Crossing y de fondo un video para disociar, apareció como parte de un top titulado “Películas con finales subjetivos” la historia de este morro narcisista, con impermeable transparente y muchas lagunas mentales. Aviso: se hablará de toda la película.

Estaba comiendo Takis Fuego con una mano y pagando el predial a Tom Nook con la otra, cuando de repente mi cerebro calibró con el sonido. Recuerdo que volteé al YouTube de la tele y vi la pantalla con desdén, porque al parecer el segundo ser más arrogante en ese momento, aparte de Patrick Bateman, era yo.

En el video se cuestionaba si Patrick Bateman había matado a Paul Allen o si solo era su delirio. Cosa que me pareció sorprendente, ya que gracias a ese instante comprendí que siempre había visto la película desde otros ojos. Me dio una terrible crisis existencial porque para mí siempre quedó muy claro que Paul Allen sí había sido asesinado.

Con esta antesala, quiero expresar la que siempre fue mi versión de esta loca película.

Para no hacer el cuento largo. Patrick es un junior de esos que come tacos en El Kalifa, su corredor favorito es Lewis Hamilton, su disco favorito es Graduation y su novia posiblemente se llama Ana Sof. El círculo que lo rodea no es muy diferente, contando a su némesis, un joven Jared Leto que en este universo se llama Paul Allen.

En la trama Patrick Bateman tiene un ego hasta las nubes, porque a pesar de no ser el mejor en la empresa, él considera que se ve, tiene y por lo tanto vale más. Su estatus se quiebra cuando Paul Allen aparece como un prodigio que logró hacer lo que todos deseaban, lo que genera un odio creciente en Patrick.

La gota que derrama a nuestro loquito de Wall Street son los tratos de Paul Allen hacia él: pequeños, cordiales pero filosos, un veneno de pasividad que antes le correspondía a Bateman. En la siguiente escena nuestro protagonista comprende que su rol ha cambiado y que no por usar audífonos con cable puede subir de posicionamiento. Más cuando el mismo Paul Allen, sin recordar con quién está sentado, comienza a burlarse de él pensando que está hablando con alguien más.

Obviamente esto molesta a Patrick, quien sutilmente entre todo lo que llevamos del filme nos va adelantando el destino de Allen, quien esa misma noche “muere” a manos de Bateman. Se deshace del cuerpo, entra al departamento de su fallecido enemigo y finge que se fue a Londres.

Para mí American Psycho es un filme que no se cuenta por la historia sino por su contexto. Es un rompecabezas audiovisual donde cada cosa está ahí por algo, un regalo que no para de revelarnos.

American Psycho es el reflejo de una sociedad naciente. El contexto es a finales de los ochenta e inicio de los noventa. Los hijos de los altos mandos ya se están preparando para continuar con la cadena del nepotismo. No obstante, su valor se basa totalmente en su físico porque por dentro están vacíos. A este grupo se le conocía como yuppies, y Bret en su libro menciona lo fascinantes y narcisos que pueden llegar a ser estos jóvenes. Porque a pesar de ser la copia de a lado, siguen pensando que son la última coca en el desierto.

Mencioné la época porque es un paralelismo necesario para entender a los yuppies. El walkman, el auge de los productos cosméticos y los primeros pasos del internet estaban creciendo junto a este grupo vanidoso, codicioso y sumamente vulnerable. La inestabilidad del mercado, de las nuevas tecnologías, aunque atractivas son, en un chasquido se destruyen. Así como una masculinidad fingida.

Para sorpresa de los incels, esta película está dirigida por una mujer. Mary Harron fue la encargada de adaptarla a la pantalla grande, porque para sorpresa de los incels, es un libro.

American Psycho tuvo un ascenso lento pero poderoso. Se ha especulado que quieren volver a traer esta historia a la luz, pero considero que no habrá nadie como Harron para lograrlo. La razón detrás es la picardía e ironía con la que construyó el universo y mente de Patrick. No le dio command C al trabajo de Easton Ellis y aun así logró darnos un terminado que entiende a la perfección al escrito.

Es curioso porque así como la película fue polémica, el libro también. Comprendo que estoy contando la historia para atrás, pero es necesaria para entender mi punto de vista.

Bret Easton Ellis fue masacrado cuando salió el escrito, medio mundo editorial se le fue encima y por un momento su carrera había sido destrozada. Esto después de que ha sido de los pocos escritores que a una edad muy joven tuvo logros destacables, pero aquí el infante de la literatura fue crucificado.

El musical tampoco fue un muy memorable. Para empezar fue una propuesta arriesgada hasta para el mismo Ellis debido a que la historia más gringa la pasaron al West End y los ingleses ya son muy ácidos en sí, así que la cobardía estadounidense se quedaba flotando. Aún así, estos paralelismos de los que hablé aquí son explotados de forma magistral. La música tenía que ser igual de sangrienta, caótica y ochentera.

Duncan Sheik reconocía la importancia de la música en la vida de Patrick Bateman. Al principio se quería aplicar una Rock of Ages; en otras palabras, que el soundtrack del libro fuese el mismo de la obra. Para Sheik esto era mediocre, así que se tomó la libertad de usar un punzante electro house, perfecto para nuestro asesino americano, junto con el guion de Roberto Aguirre-Sacasa, quien trabajó parte de su vida en Glee.

Retomando la película, haremos un salto al final. Al momento donde la duda surge. Patrick, en su estado maniático, le confiesa a medio mundo que Paul Allen está muerto y que él fue el responsable, pero nadie le cree. Al contrario, le comentan que Paul Allen está bien, viviendo el sueño. Hasta se menciona que uno de los compañeros de Patrick apenas cenó con él.

Bateman, todo miado, se saca de pedo (como yo dándome cuenta que nunca entendí American Psycho) y en ese momento, con un toque en el hombro de condescendencia, le dicen: no digas mamadas Patrick, Paul Allen está más vivo que Mario Bezares en medio gallinazo.

De esta forma acaba American Psycho y mi capacidad de comprensión. Porque para mí, en ese final, crudo, agrio, entre trajes recién planchados, se encontraba la respuesta.

Paul Allen estaba muerto y los demás yuppies, conscientes de que había sido Patrick, lo encubren porque sus intenciones hacia Allen eran las mismas, pero el único capaz de acabar con la competencia había sido Bateman. En ese gesto, en sus tarjetas de presentación, todos esconden la sangre de su ex compañero.

Para mí Paul Allen murió por las manos de todos los yuppies de la empresa, pero con el hacha de Patrick Bateman. Al final, por lo que aprendí de todo el contexto que rodea la historia, todos estos miembros jóvenes, aparentemente ricos, siguen siendo peones de cosas que no controlan. Uno es el poder y otro es provocar envidia para que una persona en poder pueda mover, sin querer, a otro miembro que piensa que lo tiene.

¡Viva Phil Collins!

Con el predial recién pagado a Tom Nook…

René la Rana, Vicepresidente.

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