En SO/ Paris, el papel deja de ser soporte para convertirse en arquitectura emocional.

Una casa a escala real irrumpe en el lobby. No es escenografía, es manifiesto. Desde ahí, la colección SS26 se despliega como un ejercicio de memoria intervenida: libros para colorear que crecieron, nostalgia que aprendió a diseñarse a sí misma. Las “muñecas”, figuras humanas detenidas entre objeto y sujeto, activan el espacio como si fueran fragmentos de un recuerdo que insiste en materializarse.

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Paolina Russo y Lucile Guilmard continúan afinando un lenguaje donde lo suburbano no es carencia sino detonador. De ahí emerge una gráfica que oscila entre lo lúdico y lo preciso, entre el error infantil y la decisión estética. Futurismo con raíz doméstica.

La colaboración con Converse no funciona como accesorio, sino como extensión natural del universo: las Chuck Taylor All Star intervenidas aparecen como piezas vivas dentro de la instalación. El taller paralelo, donde el público interviene su propio par, desplaza la autoría hacia lo colectivo: crear como acto compartido, no como gesto aislado.

No es la primera vez que este diálogo toma el espacio. Desde la intervención AW24, el hotel ha entendido algo que muchos aún negocian: el lujo ya no está en la permanencia, sino en la capacidad de mutar. En abrirse.

En una ciudad que suele mirar hacia atrás, SO/ Paris decide mirar hacia lo que todavía no tiene forma. Y ahí, en ese territorio incierto, el trabajo de Paolina Russo encuentra su lugar: no como tendencia, sino como sistema.

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