
Hay un edit de la película La sociedad de los poetas muertos en TikTok que me paraliza. Lo tengo descargado, pero en ocultos porque, si lo veo todo el tiempo, me voy a convertir en polvo. Hoy lo traigo a mi pequeño rincón virtual porque estamos a días de que sea el Día de las Infancias y este chamaco miado gigante siente que el efecto Benjamin Button/niño Tenenbaum lo corretea.
En aquel edit se muestran imágenes de Neil Perry, protagonista de la película, apreciando la belleza de su vida, contrastadas con los últimos momentos antes de que su existencia acabe. De fondo está la canción “En algún lugar” de Duncan Dhu. Específicamente la parte donde se dice lo siguiente: “Y en las sombras, mueren genios sin saber”. Cualquier película de A24 al lado de este edit se queda estúpida.
“De su magia, concedida, mucho tiempo antes de nacer” es la continuación de la canción e igual que en el edit, lo cual lo hace reflexivo, un charolazo a nosotros. Y eso en solo 30 segundos, bien curados por el usuario @lovingrobleonard, a quien le dedico mi proyectada escrita.
Para todos los veinteañeros, feliz Día del Niño.
Hace 30 años y exactamente tres meses falleció Jonathan Larson a la edad de 35 años debido a un aneurisma, poco antes de que el público pudiera conocer Rent, su primera obra reconocida. Murió sin saber que cambiaría vidas e inspiraría a Lin-Manuel Miranda, prodigio de Broadway, quien en 2021 le haría su propia película biográfica.
Una de sus canciones, irónicamente, se burla de la tragedia de los 30, el castigo para cualquier persona creativa y vanidosa. Porque no nos hagamos ciegos, todos los que buscamos mantenernos de nuestras peculiaridades vivimos con el terror de no cumplirlo lo antes posible.
Hubo una ocasión, mientras cenaba el ceviche que mi abuelo hizo, me preguntó: “¿Cuéntame qué locuras te han ocurrido?”. Se rió porque le contesté que solo veía los días pasar. Seguido, me replicó, “Estás muy joven para ver los días pasar, eso me toca a mí, que ya estoy viejo”.
Después, un silencio entre nostálgico pero conmovedor se interpuso entre los dos, y en su mirada no solo vi el paso del tiempo, vi la tranquilidad de ver los días pasar junto conmigo.
¿Por qué somos así? Nos castigamos horrible por no llegar a ningún lado mientras hacemos de todo. Tenemos 20, tenemos vida, y el tiempo solo existe para poder medirlo en números y no volvernos locos, ya que no todos tenemos la habilidad de saber la hora con solo ver el sol. Mientras respiremos un día más, no nos perdemos de nada.
Tengo un miedo constante que en ocasiones me paraliza, en especial en momentos donde creo estar haciendo las cosas bien. Cuando pasa eso, pienso en Larson. Para mí, él fue un genio que murió sin saber. Una persona a la que le concedieron esa magia antes de nacer. Porque antes de que existiera La peor persona del mundo, Frances Ha o Eighth Grade, Larson ya entendía la frustración juvenil mejor que nadie, incluso antes que Alexander Hamilton (desde la perspectiva de Lin-Manuel Miranda).
No tengo la cura para la frustración, pero creo fielmente en hablar de ella. Paradójicamente, esto será leído por el internet de las cosas; incluso mi cuenta de Instagram es una más de este medio masivo. Pero si algo puedo dejarle al mundo son las ganas de vivir. Todos subimos el deseo manifestado, el decreto cumplido, el minuto que cambió mi destino. Pero son pocas las personas que hablan de las noches en las que uno llora por no entenderse, del empeño de cambiar de mood porque lo que haces ya no funciona, los miedos justificables, los celos, la competencia con el tiempo, la vergüenza, los sueños que se desvanecen, porque sí, eso pasa.
Uno no se sube llorando al internet porque es patético, pero existe. Son reales los fracasos, e incluso son más que los logros, y aun así en los discursos aplaudimos lo que hicimos bien y no todo lo que no sabíamos dominar.
Todos tenemos una magia concedida. No necesita activarse como un switch ni rebrandearse cada tres segundos. Es el goce de existir y de navegar entre la frustración. Creo que reinventarse es un mito, o una forma moderna de decir: “Ya me quedó claro qué cosa me sale bien y mis áreas de oportunidad”. Sabrina Carpenter no se salvó por su rebranding, se salvó porque hizo su negocio y arte desde lo que siempre fue. No evolucionó, solo se auto aceptó.
Creemos que la aceptación es sinónimo de resignarse, pero es el primer liberador para conocernos plenamente y con curiosidad aprender del mundo. Esa misma curiosidad e inocencia que solo conocíamos de niñxs, Jean Piaget la describió con etapas, secuencias y edades que dictan cómo aprendemos, pero este aprendizaje se repite a lo largo de la vida. Queremos verlo como si tuviéramos todo resuelto, pero la realidad es que seguimos siendo esos seres diminutos a los que les hacían su chocomilk en las mañanas y enojaban a sus mamás porque se lo tiraban en el uniforme limpio.
Nuestros sueños no son los únicos por cumplirse. Hay peleas que no ganaremos, pero la magia de existir nos hará eternos y viviremos para siempre a lo hooligan pero sano. Por si no cumplo mis sueños, porque así se siente tener 20, deseo desde la intensidad de mi ser que el miedo y la nostalgia no nos estorben el camino. Confiemos en lo que necesitamos más allá de lo que deseamos.
Como dijo Rod Stewart en uno de mis mantras favoritos, su canción Young Turks:
“Corazones jóvenes, sean libres esta noche, el tiempo está de su lado. No te dejes menospreciar, no te dejes empujar, no dejes que cambien tu punto de vista”.

-Con amor, René la Rana… y su rant a la frustración juvenil.



