Llevo 20 años viviendo en este planeta y en decadencia constante. Últimamente descubro de forma obsesiva que la rabia que tenía en mi adolescencia no se ha ido y solo, como el ciclo que aterra a los chamacos del pueblo de Derry, se repite. Aquí no se le llama Pennywise, en contraste, tiene mi nombre, mi reflejo, la decepción y desesperanza que espero que, como ciclo, se disipen.

Kenia OS tiene una canción que se llama La ruleta rusa. Es de amor porque Peso Pluma y la ubico porque las mañanas que voy a la escuela sale en la estación Joya con Mariano Osorio. Sí, me he vuelto ese adulto que ubica a Mariano Osorio.

En el coro, Kenia narra lo frenético que es el amor, lleno de deseo e impulsividad, pero con algo más peligroso: la vulnerabilidad que se retrae detrás de dichas características.

Es el típico “sé que está mal volver, pero prefiero estar jiji jaja contigo porque no estás dispuesto a quererme entre mi gama de colores, pero no me importa porque de nuevo me la paso jiji jaja”.

¿Qué tiene que ver con Bowie? ¿Por qué lo mencionaste en el título y me estás hablando de Kenia OS y Mariano Osorio, el locutor más querido de México?

Pues que esta es mi zona de proyectadas virtuales y descubrí que tengo una ruleta rusa con la validación en este camino, según yo, de pseudo creativo. Ojalá algún día uno muy interesante como Grace Coddington o KidSuper. Tengo estreñimiento artístico desde hace más de un mes y me urge un laxante.

Mariano es muy Mariano…

Ya mencioné que voy a la universidad y, aunque no la odio, desde que tengo memoria nunca he sido fan de la escuela, mucho menos de la tarea. Desde joven me llamó la atención la literatura y amaba escribir cuentos porque mi persona siempre ha tenido un apego a su mundo interior. El hecho de poder escribir me brindó la ilusión de externalizar ese universo para que otra gente a la que le costara ser integrante de la tierra pudiera encontrar un espacio que abrazara ese escape.

Las historias también se pueden contar con el cuerpo. Yo, que crecí amando a las Monster High, a Yuya y la película Si tuviera 30, lo empecé a demostrar por medio de mi forma de vestir.

Un día llegamos a redes y nos quedamos ahí. Es un reto que constantemente obliga a seguir dominando el arte de contar historias, pero llega un punto en el que uno mismo ya es un universo y no sabe qué más contar.

Logré desarrollar mi vida más allá de lo académico, propósito muy personal. Aún así, regresé. La vida me llevó ahí y no me negué. A una industria igual de competitiva que la moda e igual de retadora, porque también existe esta necesidad absurda de querer comprobarle al ego que se puede. ¿Pero qué pasa cuando ya no?

Hace poco escuché un consejo que decía que, si te frustras en lo que haces, es porque no lo amas tanto. Lo digo porque, irónicamente, amo hacer mis tareas de la escuela, pero estoy odiando lo que hago en el mundo de la moda. La respuesta no es que odie la moda, es que amo la validación. Y si mi persona, que ahora también es una marca, está entrando en decadencia, entonces aparece la pregunta incómoda, ¿qué significado tiene nuestra vida cuando sentimos que aquello que tanto costó construir comienza a desaparecer?

Maldita, hermosa Kenia OS, todo es una ruleta rusa.

Siempre he estado obsesionada con Bowie. Me gusta la idea de no ser nada y serlo todo, un alien con humanidad, algo maleable. Una vez mi hermana dijo que Sonic era como su ángel de la guarda y llegué a la conclusión de que Bowie era el mío.

Entiende lo maravilloso que es hacer de la vida el objetivo final, pero también conoce a la perfección la sensación de querer desaparecer en el espacio. Como cuando una parte de nosotros quiere esconderse del mundo porque sentimos que ya entregamos todo.

Hace un año me planteé destruir mis redes porque me encontraba triste. Fue ahí donde decidí entrar a la carrera. Todos los días sentía culpa porque estar “triste” se me hacía ridículo. Pero Bowie me enseñó lo contrario.

Bowie no solo hizo Heroes, también fue actor y artista visual. Sus procesos creativos son una joya. Entiende a los frustrados, a los que les gusta que les jalen las orejas para aprender y a los que ya las tenemos demasiado jaladas.

¿Te aburriste del planeta que construiste? Crea otro. ¿No puedes hacer algo coherente? Entonces no seas coherente. ¿Te sientes demasiado solo y mediocre? Habla de sentirte solo y mediocre.

Hay muchos clips en TikTok donde resumen a Bowie en frases inspiracionales con frames bonitos que probablemente ya compartimos en Instagram, pero su verdadera enseñanza no son consejos, es una brújula que decidí llamar “la teoría de la expansión”.

Sísifo sube la piedra a un punto alto para volverla a tirar. La va rodando. Kenia OS se enamora. Es una ruleta.

Bowie propone que, si el camino del arte es un círculo donde a veces estás arriba y otras abajo, entonces lo conviertas en un remolino.

Siempre existirán las ganas de probarle algo a alguien o de decirle algo al mundo. Nos casamos con la idea de que, si nos gusta algo, será el único vehículo de expresión posible. Pero la verdadera tarea es buscar tantos vehículos como se pueda, mantener al cerebro curioso aprendiendo cosas nuevas y al alma tranquila porque logró sacar lo atorado en el pecho.

Destapar la creatividad nace de la necesidad de sacar lo atorado del corazón porque, si no sale, termina quemando por dentro. El punto de ser artistas es tener algo que contar, pero no necesariamente en el medio que imaginábamos.

Bowie era fan del arte y coleccionista, pero hubo un momento de su vida donde lo que sentía ya no salía por medio de las letras, así que decidió intentarlo en la pintura. El punto no era el aplauso, era la liberación. Sorprendentemente, con el paso del tiempo descubrió que sí tenía algo que contar a través de la música y regresó a ella. Pero eso no ocurrió hasta que logró pintarlo, crearlo y esculpirlo. Incluso terminó aportando a las portadas de sus propios álbumes. Lo mismo ocurrió con el teatro.

Aunque su formación como actor llegó en una etapa avanzada de su carrera, se podría decir que nació con esa facilidad en las venas. El verdadero camaleón fue su herramienta más característica de expresión. Todos sus personajes han sido reflejos de su mundo interno.

Ziggy surge al inicio de su carrera. Esa rebeldía por conquistar la música es la misma con la que se presenta Stardust y sus arañas de Marte. The Thin White Duke, delgado y pálido, fue el reflejo de la etapa más depresiva de la vida de Bowie. La delgadez y palidez del personaje simbolizaban el consumo excesivo de drogas y el duque, con sus trajes, chalecos y elegancia, mostraba lo alejado, frío y descontrolado que se sentía de su propia vida. Personalmente, es mi era favorita de Bowie y creo fielmente que ese personaje me obliga a cuidar mi cerebro.

Era obvio que en algún momento conectaría oficialmente con el teatro. Se une a Lindsay Kemp, conocido por su escuela de teatro y mimos (no hay nada más cool que una escuela de mimos), donde da sus primeros pasos escénicos.

En los 80 llega mi segunda etapa favorita de Bowie, cuya esencia curiosamente relaciono con Station to Station y el Duque Blanco. Debuta por fin en Broadway con El hombre elefante. Y cómo olvidar a Jareth, el villano romántico de El Laberinto de Jim Henson.

Bowie nos enseña a lo largo de su vida que lo significativo no está solamente en disfrutar cuando se está en el pico o en transitar con calma cuando se está abajo. Nos obliga a seguir creando sin esperar el aplauso, aceptar las decisiones que la vida toma por nosotros.

Curiosamente, hoy siento que mi historia por contar en redes se está acabando, pero mi historia en la escuela sigue viva, como aquel frasco de Gerber con algodón y un frijol creciendo dentro. El reto al que ahora me enfrento es dejar de esperar el aplauso.

A menos de que conozcas un laxante.

René en su etapa pesimista, la rana.

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