Longchamp es una de las casas francesas más importantes de marroquinería y accesorios de lujo. La marca fue fundada en París en 1948 por Jean Cassegrain, quien originalmente tomó el control de una tabaquería familiar llamada “Au Sultan”, abierta desde 1926 en Boulevard Poissonnière.
El primer gran éxito de Longchamp no fueron las bolsas, sino las pipas recubiertas de piel. Jean Cassegrain transformó un objeto cotidiano en algo elegante, algo muy alineado con el espíritu francés de posguerra. Ese éxito permitió que la firma se expandiera rápidamente hacia artículos pequeños de piel como carteras, pasaportes y accesorios de viaje.
En 1955 la maison lanzó oficialmente su línea de small leather goods y comenzó su expansión internacional. Durante los años 60 y 70 la marca empezó a consolidarse como una firma de equipaje y bolsas de lujo ligeras, especialmente gracias al uso del nylon combinado con cuero.
Uno de los momentos más importantes llegó en 1971, cuando Longchamp presentó su primera bolsa femenina. Más tarde, en 1993, apareció el icónico bolso Le Pliage, diseñado por Philippe Cassegrain e inspirado en el origami japonés. Su nombre viene del verbo francés “plier”, que significa doblar. La pieza revolucionó la industria porque podía plegarse completamente y convertirse en un objeto práctico, ligero y elegante al mismo tiempo.
Aunque mucha gente asocia la marca únicamente con bolsas, Longchamp también tiene línea de ropa ready-to-wear. La firma lanzó oficialmente su colección de prêt-à-porter en 2006, ampliando su universo hacia zapatos, outerwear y total looks femeninos. Actualmente presenta colecciones en Fashion Week y mantiene una propuesta parisina relajada, funcional y sofisticada bajo la dirección creativa de Sophie Delafontaine, nieta del fundador.
Para este Otoño–Invierno, la mujer Longchamp sigue su instinto. Siempre en
movimiento, se deja guiar por la curiosidad y por una creatividad libre,
intuitiva y profundamente inspirada.



De un destino a otro, va recolectando encuentros, historias y pequeños momentos que convierten cada viaje en una fuente constante de inspiración. En ese recorrido encuentra una doble energía: el impulso de descubrir el mundo y, al mismo tiempo, de reconectar consigo misma.
Su estilo nace del diálogo con los lugares que recorre: ciudades vibrantes, paisajes
naturales y rincones inesperados que va guardando en su cuaderno de ideas.
Es su presentación de OTOÑO – INVIERNO 2026
Su guardarropa acompaña este espíritu inquieto con siluetas relajadas y nómadas, inspiradas en el workwear y en el espíritu de la exploración. Una paleta mineral de beiges y caquis se ilumina con suaves acentos pastel que aportan frescura a la temporada.
Los accesorios se convierten en compañeros inseparables, tanto en la ciudad como más allá. En el camino, la mujer Longchamp reúne pequeños tesoros: fragmentos de historias, símbolos de buena suerte y charms que incorpora a sus piezas como recuerdos que se llevan puestos.
Esta colección Otoño–Invierno de Longchamp es influenciada por el diseño, el
arte y la arquitectura, las siluetas ganan volumen y presencia, mientras las líneas
puras resaltan la precisión y la belleza de cada pieza. Esta búsqueda de lo esencial da lugar a nuevas combinaciones de texturas: pieles charoladas, grabadas, de gamuza o metálicas que dialogan con una rica paleta de color que va del verde matcha al azul cielo.






El arte ocupa un lugar central en este invierno creativo. El trabajo de la artista del
bordado Caroline Hélain evoca una sensación de escape a través de paisajes
textiles abstractos y delicados patchworks de materiales y colores.
La temporada también adquiere una dimensión escultórica gracias a las líneas
ondulantes de la escalera verde de La Maison Unique en SoHo, concebida por el
diseñador Thomas Heatherwick, cuya estética gráfica y audaz transforma el
movimiento en una forma de lenguaje.
“Para Otoño–Invierno 2026 imaginé a una mujer del mundo, insaciablemente curiosa, para quien cada viaje es una fuente de inspiración”, afirma Sophie Delafontaine, Directora Creativa de Longchamp.



Hablemos del logo
El logo de Longchamp también tiene una historia muy específica. El caballo galopando nace de la inspiración ecuestre de Jean Cassegrain y del Hipódromo de Longchamp en París. Además, el apellido “Cassegrain” tiene relación fonética con molinos y movimiento mecánico, lo que llevó al fundador a unir la idea del dinamismo con el universo de la talabartería y la elegancia francesa. El diseñador Turenne Chevallereau fue quien creó el emblema del caballo en movimiento, que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la marca.
Hoy, Longchamp sigue siendo una empresa familiar dirigida por la familia Cassegrain y opera en más de 80 países. Además de sus bolsas, la maison produce equipaje, zapatos, accesorios y colecciones ready-to-wear que mezclan funcionalidad, herencia ecuestre y lujo parisino.



