Cortesía. Pinterest

La moda no es solo estética, es una trama global de producción, poder, política y economía. Hablar de geopolítica de la moda es reconocer que cada prenda es un artefacto con historia, rutas económicas, implicaciones laborales y consecuencias medioambientales.

Desde finales del siglo XX, la producción textil se descentralizó de Occidente hacia Asia, África y América Latina. Países como China, Bangladesh, Vietnam y Turquía se convirtieron en centros manufactureros por costos laborales bajos y políticas de atracción de inversión extranjera.

Este modelo ha generado prosperidad económica en algunos casos, pero también asimetrías estructurales:

  • Salarios bajos y condiciones laborales precarias.
  • Vulnerabilidad ante fluctuaciones económicas globales.
  • Dependencia de grandes marcas internacionales que dictan términos comerciales.

La moda revela así relaciones de poder entre Norte y Sur global, donde la creación de valor a menudo se disputa lejos de los mercados de consumo finales. Cada prenda viaja miles de kilómetros antes de llegar a un shopper. Las rutas logísticas, por mar, tren y avión. están sujetas a riesgos geopolíticos: tensiones comerciales, políticas arancelarias, crisis energéticas, conflictos regionales e inestabilidad política pueden interrumpir las cadenas de suministro.

La pandemia y las crisis de transporte demostraron que la moda es extremadamente vulnerable a estas dinámicas: retrasos, aumentos de costos y quiebres de inventario se convirtieron en problemas cotidianos para marcas de todos los tamaños.

Conocer de dónde viene tu ropa es conocer las historias humanas detrás de cada costura, quién cose, en qué condiciones y cómo se remunera su trabajo.

Casos como el colapso del edificio Rana Plaza (2013) evidenciaron que las vidas humanas están expuestas a condiciones peligrosas y que la moda barata tiene un costo humano real. Esto ha impulsado movimientos por transparencia salarial, auditorías independientes y certificaciones laborales.

La moda también es uno de los sectores más contaminantes del planeta: uso intensivo de agua, químicos tóxicos, emisiones de CO₂ y residuos textiles masivos. Cada eslabón de la cadena, producción, transporte, consumo y desecho, tiene implicaciones ambientales que trascienden fronteras.

Entender esta geopolítica medioambiental obliga a repensar prácticas de producción, fomentando modelos  de moda circular, recommerce y reutilización y regulaciones ambientales más estrictas.

Se debe de pensar que la moda es un microcosmos y que dinámicas globales: economía, política, derechos humanos y medio ambiente se entrelazan en cada prenda. Saber de dónde viene tu ropa y a dónde va, en términos de producción, capital y desecho,  no es un lujo intelectual, sino una competencia ciudadana crítica. Esta comprensión no solo influye en decisiones de compra más informadas, sino en cómo imaginamos un sistema de moda más justo y sostenible para todxs. 

Tendencias