Esta experiencia a gran escala que se encuentra en el Centro de las Artes Inmersas (CAI).

Esta vivencia es construida en México, a partir de esculturas originales de Leonora Carrington, el proyecto reúne la investigación y propuesta curatorial del Consejo Leonora Carrington, la producción multimedia de Cocolab y la agenda cultural de Host City Ciudad de México, articulando patrimonio artístico, diseño sensorial y experiencia narrativa desarrollaron un recorrido autonomo que te tomará aproximadamnte 45 minutos.

Hicieron una experiencia imperdible, en lugar de explicarlo todo de manera literal, organizaron un recorrido donde cada pieza funciona como nodo simbólico.

En un contexto saturado de “inmersividad” superficial, este proyecto recupera algo más exigente: leer el arte como lenguaje codificado en total libertad.

¿Qué necesito saber de Leonora para asistir?

En realidad nada es suficiente sobre la vida y obra de Leonora Carrigton, lo importante es que sepas de dónde viene y hacía donde fue, así como entender como se ha convertido en un legado surreal. Carrington creció rodeada de mitos celtas. Se los contaban su madre Maureen Moorhead, su abuela y su nana, todas ellas irlandesas y proclives a la fabulación.

Leonora, nacida en Inglaterra el 6 de abril de 1917, se forma en tensión con su entorno aristocrático y encuentra el surrealismo.

Su padre, Harold Wilde Carrington, era un exitoso hombre de negocios, quien se oponía férreamente a la fantasía y a los intereses artísticos de su hija.

Lo que él esperaba era que, tras debutar con un baile en el lujoso hotel Ritz de Londres, y ser presentada en la corte Real de Jorge V, Leonora encontraría un esposo y un futuro cómodo entre las altas clases sociales. Tras una cena en Londres, Leonora se enamoró de Max Ernst, uno de los artistas más destacados del movimiento surrealista.

El romance de Carrington y Ernst fue interrumpido por el avance de la Segunda Guerra Mundial. Ernst fue arrestado y Leonora escapó a España con unos amigos preocupados por el deterioro de su estado mental.

La guerra, la persecución y su internamiento psiquiátrico en España (experiencia que narra en Down Below) fracturan esa etapa europea y redefinen su obra.

Down Below

Su llegada a México en los años 40 no es un desplazamiento geográfico menor, es un giro epistemológico.

Aquí integra tradiciones esotéricas, alquímicas y mitologías diversas con una visión crítica de lo racional. A diferencia del automatismo ortodoxo surrealista, Carrington trabaja desde una construcción consciente del símbolo: escribe, pinta, cocina y esculpe como quien articula un sistema de conocimiento absoluto.

Llega a México en 1942 tras escapar de Europa gracias a un matrimonio de conveniencia con Renato Leduc. Pasa brevemente por la colonia San Rafael —sin registro preciso de dirección— antes de instalarse en la colonia Roma, donde construye su universo. Tuvo dos hijos, Gabriel y Pablo Weisz, nacen de su relación con el fotógrafo Emerico Weisz. Renato le rompió el corazón, una vez más.

Foto tomada por Rrevista durante el recorrido

El laberinto como método de lectura, ahora sí…

En el universo Carrington, el laberinto no es escenografía; es estructura mental. Llamarlo laberinto no es una metáfora, es una clave directa del mundo de Leonora Carrington. En su obra, el sentido nunca es lineal: se construye por capas, desvíos y asociaciones. El laberinto implica perderse para encontrar, atravesar un proceso más que llegar a una conclusión. Nombrar así la experiencia inmersiva es dejar claro que no se recorre como una exposición tradicional, sino como un sistema simbólico donde cada pieza es un umbral y cada lectura, una interpretación posible.

Aquí es dónde nosotros como espectadores dejamos de ser consumidor y nos volvemos intérprete activo.

Lo introductorio se vuelve la cereza del pastel, encuentras su poderoso rostro, su restrospectiva de vida, algunos de sus cuadros y la clave —como todo buen storytelling— está en la tensión a cada paso, entre precisión y extrañamiento. La luz comezó a bajar, era casi como cuando uno comienza a soñar.

En las contadas pinturas que vemos al inicio, se observa el óleo por capas finas: veladuras que construyen atmósferas y profundidad simbólica. Temple, superficies mates que suspenden el brillo y acentúan lo etéreo. Dibujo fino y minucioso, linea controlada que siempre se expone a lo fantástico. Lo onírico construido con método.

De las primeras salas, encontramos el tarot pintado por Leonora y una piramide con manos que cuando la tomas te da una carta, ¡Me tocó la estrella! Seguido de esa sala está el Gato de la Noche, observando, vigilando casi como si estuviera levitando.

Una de las obras por las que más temía ver fue «La Palmista«, existe algo energético que me impacta, me impone, me aterra. Con cada paso, desde que comenzó el recorrido, fui de manera sigilosa; quería que todos pasaran antes que yo, para así no encontrarme de golpe con esta escultura y, como soy de ansiosa, desde una noche antes no podía dejar de pensar en esta escultura. La primera vez que la vi fue en el Munal y desde esa ocasión me ha movido de manera interna; siento que si me encuentro en mis sueños con ella, despertaría de golpe, es real el miedo que me genera.

Al llegar a esta puerta me la pense por más de un minuto para entrar, deje que pasara la gente y con los ojos llorosos, llena de temor, como si fuera una niña pequeña que la abandonaron y está perdida, pude percivir como todos avanzaban y se sentaron frente a ella.

…. Yo, no tenia para donde caminar, no podía retroceder, este miedo fue el que me impulso a observar si había un lugar para poder sentarme frente a ella y observarle. «A tomar al toro por los cuernos» … me dije. Mi respiración se aceleró en un momento cerre los ojos y dije «me da mucho miedo» en voz alta, no sé si alguién me escuchó pero me levante apresuradamente de la sala y seguí. Casi como si hubiera tenido una pesadilla.

Ahora pienso, fue mágico cómo a través de música, iluminación y dimensión lograron conmoverme tanto. Qué trabajo tan exquisito han logrado. Pocas son las veces que el arte me ha provocado este sentimiento; será la dimensión, será la magia de La Palmista, será la sensibilidad con la que me encuentro o será el sereno. Estoy extasiada con lo que viví.

Entonces, en un pasillo blanco saliendo de la sala me encontré con una roca gigante como si fuera un tiki, de esos hawaianos. Me concentré en bajar mi nerviosismo; me daba pena mostrar mi sentir.

Ahora, si analizamos la simbología profesional de esta obra, algo tiene que solo hasta que lo vivas lo podrás entender; lo que sí está documentado es que tiene activa una tradición de lectura del cuerpo como texto.

La mano aparece como mapa y herramienta: contiene líneas que prometen destino, pero exige interpretación. Sus claves simbólicas son:

  • mano — archivo de experiencia y potencial
  • quiromancia — conocimiento no verificable por la razón instrumental
  • figura mediadora — tránsito entre lo visible y lo oculto

En Carrington, el destino no es determinismo: es lectura situada.

La protectora, «La inventora del atole», alquimia situada

Esta escultura siempre me ha hecho sentir protección; si mi abuela hubiera sido una escultura de Leonora, sería esta. En ese caldero o tazón me da la impresión de que tiene agua bendita.

Esta escultura condensa una operación central en su obra: desplazar la alquimia al ámbito doméstico.

El caldero representa la matriz alquímica (transformación, cocción, transmutación), el atole, es materia cultural y corporal, magia que le pertenece a todos (alimento, comunidad, memoria), y es una figura protectora de lo femenino como guardián y agente del proceso.

Carrington desarma la oposición entre lo “alto” (esotérico) y lo “bajo” (doméstico). La magia no está en el laboratorio: está en el acto de cuidar, mezclar, sostener.

Lo desconocido: entidades liminales

Las criaturas carringtonianas no son monstruos; es importante saber que son figuras de umbral, en su obra encuentras híbridos humanos como animal u objeto, hay identidades en tránsito y cuerpos que niegan la clasificación.

Simbolizan lo que aún no tiene nombre. En lugar de fijar significado, abren campo: lo desconocido como posibilidad, no como amenaza.

Sistema simbólico: capas en diálogo

La obra de Carrington no opera por íconos aislados, sino por un entramado de lo que expresó y dejó: alquimia comotransformación interna y proceso, mitologías como continuidad de lo arcaico, Esoterismo como conocimiento velado, no institucional, lo femenino como principio estructural (no tema decorativo) y animalidad como disolución de jerarquías entre especies

El Laberinto de Leonora Carrington no ofrece respuestas rápidas. Propone la libertad de decidir en todo momento, de sentir incluso de dudar.

Planea tu recorrido, encuentra los boletos aquí y cuéntame en nuestras redes qué te ha provocado.

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