Nos sentamos a platicar con María Penella, no solo como la actriz de melodramas en televisión, ni la actriz de teatro, nos sentamos con la María multidisciplinaria que tiene una opinión crítica y objetiva del oficio actoral desde su formación académica.
Maria Panella ha construido una trayectoria que cruza la actuación, la docencia y la creación escénica con una mirada profundamente contemporánea. Egresada de la Royal Central School of Speech and Drama, su formación en creación colectiva se refleja en una práctica que entiende el teatro como un espacio vivo, en constante construcción.
Su presencia en cine y televisión convive con un trabajo sólido en teatro musical y de texto, donde ha sido reconocida con premios como el Metropolitano y el ACPT, consolidándose como una intérprete capaz de habitar registros diversos sin perder precisión. Paralelamente, Panella ha impulsado el desarrollo de nuevos proyectos escénicos, apostando por lenguajes originales y procesos colaborativos.
Entre el escenario y el aula, su labor como docente y coreógrafa de intimidad amplía su impacto más allá de la interpretación, posicionándola como una figura clave en la evolución de las prácticas teatrales actuales en México.
En esta entrevista con Rrevista nos contó un poco de los retos actuales a los que se enfrentan los actores, artistas y creadores en cuanto a la producción y ejecución de proyectos.

¿Qué te hizo ser creyente de que las artes son espacios de colaboración?
Hay dos partes, una tiene que ver a partir de mí formación académica, y la otra antes de ella, en las obras de teatro en las que pude formar parte, siempre volteaba a ver a los demás, para mi había algo en observar y percibir que me permitía hacer mi propio trabajo. Ahí está mi inicio y de ahí nace mi oficio actoral como algo colaborativo.
«Yo siempre fui muy de trabajar en equipo»
¿Crees que tus inicios en el teatro como colaboración ha hecho tu transición hacia el cine y la televisión más fácil?
Sin duda, el trabajo que hacemos nosotras como actrices es solo una fracción del proyecto completo que aprendes en la puesta en escena. Ha sido un descubrimiento para mí muy lindo de encontrarme con esa posibilidad de colaboración en ambas áreas.
¿Consideras que tu formación te ha hecho minuciosa en cuanto a tu participación en las puestas en escena?
Soy muy minuciosa y a veces eso juega un poco en contra. Trato de encontrar esas cosas que me enchufan creativamente, en donde puedo explotar mi propia creatividad y ser consciente de que yo soy responsable solo de una fracción y que en tanto puedo tomar responsabilidad de esa parte, lo puedo hacer de manera plena.
Se te conoce también por ser una acérrima defensora de las artes ¿Qué opinión te merecen los proyectos actuales de teatro en México? ¿Crees que su enfoque es el adecuado para las necesidades del público?
Creo que hay una parte de nuestro quehacer que se queda solo en la ciudad y a mí eso me parece una tragedia por sí misma, porque los esfuerzos por llevar una diversidad de teatro se vuelve una cosa que no alcanza hacia ningún lado. No alcanza para los artistas y las producciones y por otro lado están las necesidades artísticas, culturales y de esparcimiento de la sociedad; entonces hay que combinar todo esto y no termina de alcanzar.
Teniendo esto en consideración, con base en tu filosofía como artista, ¿Es decisivo un proyecto que genere impacto para tu incorporación en él?
Si, el impacto puede ser hacia muchos lugares, hay proyectos en donde es muy evidente desde el inicio. Por ejemplo, que tenga que ver con mi desarrollo artístico, personal o profesional y otro tiene que ver con el impacto hacia afuera, para mí el arte tiene que hablarnos de la realidad, de nuestro entorno. Es muy importante abrir, cuestionar y dialogar de manera muy explícita con nuestro mundo actual, porque lo que hacemos tiene una interacción y comunión con el público en tiempo presente.
¿Con esto, qué área o proyecto consideras que te ha permitido desarrollarte plenamente?
La obra de teatro que hice el año pasado, que se llamó «La niña, la barca y el canario», fue un proyecto en donde yo me sentí muy plena en términos de poder explorarme como una artista multidisciplinaria, además de los temas que tocaba nos concernían de manera muy puntual y actual, hablando de la guerra, la migración y las infancias en estos contextos, para mí eso fue súper importante.
¿Piensas que se espera algo extraordinario de ti o se te juzga de manera más severa por tu legado familiar?
La verdad no me detengo mucho a pensar, pero si me permito hacerlo en esta conversación, creo que sí. Hay una expectativa de formar parte, de estar en proyectos que involucren a la familia. Y yo quiero ir consiguiendo mis escalafones como las migajitas de Hansel y Gretel independientemente del legado familiar. Prefiero concentrarme en como seguir avanzando y seguir forjando un camino
Contando los altibajos y bueno, estos momentos de enamoramiento por los que todo artista ha pasado, ¿cómo definirías tu camino hasta ahora?
Constante, con vacas flacas y vacas gordas, pero constante. Mi mamá cuenta la anécdota de que yo no me quería parar a caminar y solo gateaba, me tardé muchísimo en soltarme. Es algo que sigue siendo muy muy verdadero para mis procesos: encuentro espacios en donde me siento muy segura, los exploto al máximo y luego me animo a explorar nuevos horizontes. Así ha sido mi camino, probar cosas nuevas poco a poco, pero siempre comprometida con una lealtad al oficio actoral.

Cuéntame tus planes para el futuro, qué te interesa explorar que aún no has podido nombrar del todo.
Me gustaría seguirme explorando como creadora, asumir esa responsabilidad global de un proyecto, poder involucrarme en todo desde su concepción. Empiezo a intuir que eso solo va a ser posible con un proyecto súper personal y eso me da un poco de nervios. Por ahora «Nada Extraordinario» va a estar en la gruta del Helénico, los lunes a partir del 11 de mayo, en donde yo estuve a cargo de la dirección.



