No se trata de cualquier taquería. Chetito nace desde la idea de llevar el taco a un terreno donde la técnica y la intuición conviven. Su fundador, Luis Durán, junto con el respaldo de la chef Paula Seeman, construyeron un menú que cruza dos lenguajes potentes: el dominio del asado argentino y el picante, directo y emocional, de la cocina mexicana. El resultado no es un experimento forzado, sino una fusión que entiende lo esencial del taco: facilidad, contundencia y sabor.

En su nueva sucursal de la Roma —Guanajuato 239— el espacio es pequeño, contenido, casi íntimo. Tonos beige, verde seco y mesas llenas que confirman algo inmediato: aquí se viene a comer bien. Llegamos mi Zowie —Copiloto de Rrevista— y yo en uno de esos jueves ambiguos, donde el cuerpo pide pausa pero la agenda no cede. La solución fue escapar a Chetito.

El clima acompañaba esa sensación rara —nublado, pero caliente— y pedía algo fresco. Para beber la sangría cumplía: ligera, con notas de canela y una rodaja de naranja que redondeaba la experiencia. La limonada, en cambio, se inclinaba más hacia lo dulce, con ese perfil de jarabe que no termina de refrescar.

Como entrada, dos decisiones correctas: papas Chetito y aguachile de camarón. Las papas destacaron por una doble cocción precisa; crujientes por fuera, suaves por dentro, con queso gratinado generoso, salsa búfalo y acentos de tocino que elevan lo que podría ser un acompañamiento a protagonista.

Pero el punto central es el taco.

Chetito no plantea una dinámica pero nosotros descubrimos que es buena opción pedir pedir uno a la vez. Las porciones son justas, sin excesos ni carencias. Hay variedad —carne, pescado, opciones frescas— pero el enfoque es preciso. En Rrevista, esa diversidad se vuelve método: contrastar gustos para entender mejor el menú.

Aquí, un detalle que no pasa desapercibido: estamos casi seguros de que las tortillas son hechas a mano. Tienen esa textura irregular, ligeramente más gruesa, con elasticidad y sabor a maíz que sostiene el taco sin romperse y suma, no solo acompaña.

La Selección taquera de Rrevista:

  • Taco Alis (Zowie): camarón en salsa de parmesano, serrano frito, aguacate y cilantro con cebolla caramelizada.
  • Taco Jones (Zowie): lomo de atún marinado en ajonjolí, salsa de pepita y cacahuate, mayo, cebolla caramelizada y aguacate. Su favorito.
  • Taco Mili (Zowie): kampachi a las brasas con guacamole, cebolla y papas fritas. Segundo lugar.
  • Taco Yiya (Isamar): camarón empanizado, aderezo de chile morita, cebolla encurtida, mayo y aguacate. El más sólido.
  • Taco Susi (Isamar): chistorra, puré de papa, quesillo, chile de árbol y parmesano.
  • Taco Chetito (Isamar): arrachera con cebolla caramelizada y queso de cabra (o roquefort). Segunda elección.

Probamos 6 de las 17 variedades disponibles. No hubo postre —no por falta de interés, sino por falta de estómago y miren que soy su comelona de confianza: Chetito cumple con esa promesa básica del taco bien hecho, llenar sin negociar el sabor.

Más que una taquería, es un ejercicio de edición: tomar elementos reconocibles y reconfigurarlos sin perder identidad. Aquí, el taco no se reinventa; se afina y se perfila para poder traer a tus amigos y deslumbrarlos.

LUGAR: Chetito

DIRECCIÓN: Guanajuato 239 Roma Norte/ Miércoles a Domingo /13:30 pm a 22:00 pm

PRECIO POR PERSONA: 300 pesos mx

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