Para entender el pensamiento de una las pocas mujeres que destacó en la producción de cómic y que, además, lo hizo en un contexto en donde se les prohibía siquiera pensar, debemos adentrarnos en su historia de vida. Proveniente de una familia de clase media alta en Irán, Marjane llevaba un estilo de vida progresista inclinado hacia occidente. Tenía acceso a libros, cine, música, así como debates filosóficos y políticos. De esta manera, su inquietud intelectual es sembrada y alimentada desde el lecho familiar.

Su obra es mucho más que un divertimento, tanto Persépolis como Bordados, nos permiten adentrarnos a la manera en que el legado femenino, las estructuras matriarcales y el autoconocimiento llevan a una reflexión del ser, incluso en una sociedad que relega a la mujer a lo privado, la desposee de todo reconocimiento y se le niega el pensamiento.

Partiendo de Persépolis, en donde se nos deja claro que la dinámica premia la docilidad y la sumisión, reduciendo a la mujer a un simple instrumento de reproducción y un objeto servicial que debe de cumplir con el rol establecido, tenemos a Marji, una niña rebelde e inquieta que cuestiona todo. Apoyada por sus padres, pero sobre todo por su madre, que le da el soporte necesario para explorar sus horizontes y la estimula a no conformarse.

Por ello, muestra una gran decepción cuando se casa con apenas veintiún años “Siempre he querido que te hicieras independiente, educada, cultivada…  y resulta que te casas… quiero que te vayas de Irán que seas libre y emancipada…”. Además de eso, Marji es alentada por su abuela con una personalidad aguerrida y combativa, que la inspira y aconseja, tanto en las decisiones como en las lecciones de la vida, fungiendo como ejemplo de lo que predica “…mantén siempre tu dignidad, tu integridad y la fidelidad en ti misma.” .

De esta manera, las mujeres de su familia le otorgan el apoyo para que se adentre en un viaje de autoconocimiento, en donde pasa por desamores, la tristeza de la lejanía de su núcleo familiar y a la par de ello, encontrar su camino profesional y de vida, con todos los altibajos que una adolescente puede tener y la madurez necesaria que obtiene en la adultez.

Con Bordados, la protagonista nos ofrece una mirada más íntima a lo femenino. Aunque, en primera instancia parece una historia de cotilleo, sucede que en una sociedad en donde la mujer se elimina del espacio público, las reuniones privadas se vuelven un lugar de resistencia femenina, pues las ideas, discusiones y teorías surgen en la privacidad del hogar. Así se presenta a un grupo de mujeres de diversas generaciones que tiene una pequeña charla durante el samovar, y poco a poco van revelando sus historias de vida, cada una con una enseñanza sobre su propia visión.

Las páginas nos muestran las inquietudes de este grupo sobre el amor, el sexo, la belleza, el matrimonio y la vida profesional, disfrazadas de cotidianeidad, para dejarnos en claro que no importa la edad, las experiencias y su bagaje, compartimos de una u otra manera las mismas curiosidades sobre el deber ser femenino y las frustraciones y retos a los que se enfrentan por el hecho de haber nacido mujer en una sociedad que se comporta de manera estricta sobre el rol social de esta.

El legado de Marjane Strapi va más allá de su producción literaria. Satrapi no legó una reflexión profunda sobre el ser mujer, si bien, lo centra en su perspectiva, es una reflexión tan personal que se ajusta a una gran parte de la experiencia femenina, y abona a los cuestionamientos contemporáneos sobre la mujer.

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