Ariadne Rodriguez

Carolina Anton es una productora musical, ingeniera de audio, baterista y una de las pioneras del audio inmersivo en Latinoamérica, su carrera ha estado marcada por algo más poderoso que la búsqueda de reconocimiento, una necesidad constante de experimentar, aprender y reinventarse.

Recientemente, su trabajo en un álbum ganador del Latin Grammy la colocó en un lugar histórico al convertirse en la primera mujer en México reconocida por una mezcla en formato inmersivo. Sin embargo, para ella, el mayor logro va más allá del premio, está en los equipos que construye, los artistas con los que conecta y las nuevas formas de vivir la música que todavía están por descubrirse.

RREVISTA entrevistó a Caro sobre los retos de abrirse paso en esta industria, la importancia de abrazar el cambio y por qué la curiosidad sigue siendo el motor que guía cada una de sus decisiones creativas.

A lo largo de tu carrera has sido una de las personas que más ha apostado por nuevas tecnologías y maneras de escuchar música. ¿De dónde nace esa necesidad de explorar constantemente?

Creo que viene de mi personalidad. Siempre he sido una persona muy inquieta y con ganas de probar cosas nuevas. No desde un lugar de querer ser la primera o hacer algo que nadie haya hecho antes, sino desde el deseo de experimentar y vivir nuevas emociones. Hay algo en repetir exactamente lo mismo que a mí me aburre, entonces llega un punto en el que digo: “hay que cambiarle”. Esa necesidad de reinventarme constantemente es parte de quien soy.

Has trabajado con artistas y géneros completamente distintos. ¿Cómo adaptas tu enfoque creativo y técnico a cada proyecto?

Siempre he sido muy versátil, incluso desde mis propios gustos musicales. He pasado del jazz al gótico, del metal al indie y al regional mexicano. Para mí, cada género tiene algo que enseñarme.

Cuando trabajo con un artista trato de entender su mundo y encontrar el sentimiento detrás de su música. Claro que existe una parte técnica, pero para mí lo más importante es el feeling. Si voy a trabajar en un álbum, me empapo de ese universo durante semanas o meses, escuchándolo todo el tiempo hasta entenderlo de verdad.

“Repetir lo mismo me aburre”. La curiosidad como punto de partida

Como mujer en un área tradicionalmente dominada por hombres, ¿Qué retos has enfrentado y qué cambios positivos has visto en la industria?

Ha habido muchos retos. Es una industria hermosa, pero también muy competitiva, con muchos egos y exigencias constantes. Eso lo vive cualquier persona, pero como mujer todavía somos pocas, especialmente en áreas técnicas y en ciertos géneros musicales.

Aun así, me emociona ver que cada vez somos más y que este tema está sobre la mesa. Todavía falta mucho camino por recorrer, pero confío plenamente en las nuevas generaciones que vienen a romper esquemas y a ocupar espacios que antes parecían imposibles.

Después de tantos años explorando nuevas formas de crear sonido, ¿cómo imaginas la música del futuro?

Creo que las experiencias inmersivas seguirán creciendo. Durante mucho tiempo la manera de escuchar música se quedó prácticamente igual, mientras que otras industrias como el cine evolucionaron muchísimo en sus formatos.

Hoy tenemos la oportunidad de acercar al público a una experiencia mucho más envolvente, más emocional y más cercana con la música. Estamos apenas viendo el comienzo de todo lo que puede suceder.

Después de todos estos años de carrera, ¿hay alguna etapa del proceso creativo que disfrutes más?

Todas. Para mí es muy importante ser yo en todo lo que hago. Cuando algo deja de sentirse auténtico y se convierte únicamente en una obligación, pierde la magia.

Hoy me siento en un momento muy pleno de mi carrera. Claro que todavía hay muchísimas cosas que quiero hacer y seguir aprendiendo, pero también me siento muy conectada conmigo misma y con lo que creo.

Antes de despedirse, Caro deja una invitación sencilla, pero poderosa: atreverse. A probar, a equivocarse, a construir comunidad y a no tener miedo de tomar caminos distintos. Su historia demuestra que la resiliencia no siempre se ve como una gran batalla; muchas veces se encuentra en la decisión cotidiana de seguir explorando, de adaptarse a los cambios y de conservar intacta la curiosidad por lo desconocido.

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