Durante semanas, millones de personas organizaron sus horarios alrededor de los partidos, vistieron la camiseta verde, compartieron memes, gritaron goles y soñaron con una hazaña histórica. El ¿Y si, sí? latía a mil por hora.

Por eso, ayer cuando México quedó eliminado del Mundial, no solo terminó un torneo, para muchos también apareció una sensación de vacío difícil de explicar.

Y no, no significa que «te afecte demasiado el futbol». La psicología tiene una explicación para ese fenómeno conocido como tristeza colectiva.

El cerebro vive el Mundial como si fuera una experiencia personal,se dice ganamos o perdimos, ¿Les pasó?

Aunque los jugadores sean quienes pisan la cancha, nuestro cerebro participa emocionalmente en cada partido. Esta alerta para terminar un circuito de emociones.

Diversos estudios sobre identidad social muestran que las personas incorporan los logros de los grupos con los que se identifican —como un país o un equipo nacional— a su propia autoestima. Cuando ese grupo gana, experimentamos orgullo; cuando pierde, sentimos una decepción que puede parecer sorprendentemente real.

Por eso frases como «lo hicimos hasta donde se pudo» no son solo una forma de hablar,reflejan un vínculo emocional genuino.

La euforia por el futbol y el Mundial 2026 también tiene una explicación química

Cada victoria importante provoca una liberación de neurotransmisores como la dopamina, relacionada con la recompensa y el placer. Durante el Mundial, esa emoción se repite constantemente: los goles, las celebraciones, las reuniones con amigos y la expectativa antes de cada partido mantienen al cerebro en un estado de alta estimulación.

Cuando el torneo termina de forma abrupta, ese estímulo desaparece casi de un día para otro. El resultado puede sentirse como una especie de «bajón emocional».

El Mundial creó una rutina… y perderla también se siente incómodo, más allá del marcador, un Mundial modifica la vida cotidiana. Las calles, los trabajos, el tráfico en redes incluso dejan de importar cosas y a nosotros los amargados que no nos gusta el futbol pero que sí amamos a nuestro país México, nos cae de peso también la noticia.

Cuando todo eso termina, muchas personas experimentan una sensación parecida a la que aparece después de unas vacaciones o del final de una serie muy esperada.

No es únicamente la derrota. Es el final de una experiencia compartida.

La tristeza colectiva existe

Los psicólogos llaman emociones colectivas a aquellos estados de ánimo que miles o millones de personas experimentan al mismo tiempo frente a un mismo acontecimiento.

Eventos deportivos, conciertos, elecciones o incluso tragedias nacionales pueden generar una sincronía emocional que fortalece el sentido de pertenencia, desgraciadamente ya lo hemos vivido con terremotos, desapariciones y más tragedias. En el caso del futbol, esa conexión suele ser especialmente intensa porque la Selección representa una identidad compartida.

Y sí, es normal sentirnos hoy así.

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