La Semana de la Moda de París Alta Costura Otoño/Invierno 2026-2027 estuvo marcada por una nueva generación de directores creativos que comenzó a escribir el siguiente capítulo de algunas de las maisons más influyentes del mundo. Mientras que Jonathan Anderson sigue consolidando su camino en la alta costura al frente de Dior, la primera colección couture de Matthieu Blazy para Chanel y el inicio de la era de Pierpaolo Piccioli en Balenciaga convivieron con la fantasía del surrealismo de Schiaparelli por Daniel Roseberry y la narrativa cinematográfica de lamarca homónima Robert Wun.
Entre colecciones que desdibujaron la frontera entre moda, arte y performance, la temporada nos habla de un lujo contemporáneo ya no se mide únicamente por la perfección técnica, sino por la capacidad de emocionar, contar historias y construir universos. Este es el recap de los desfiles que definieron la Semana de la Moda de París Alta Costura 2026.
Chanel en la Semana de la Moda de París Alta Costura 2026: Matthieu Blazy inaugura una nueva era desde el Grand Palais
La expectativa por el debut de Matthieu Blazy en la alta costura de Chanel era una de las más grandes de la temporada, y el diseñador respondió con una colección que respetó el legado de Gabrielle Chanel sin quedarse atrapado en ellal. Presentada en el Grand Palais, la pasarela se transformó en un paisaje bucólico donde la naturaleza, la calma y la artesanía marcaron el ritmo de cada salida.
El tweed, uno de los códigos más reconocibles de la maison, apareció reinterpretado con construcciones más ligeras y fluidas, mientras los bordados evocaban flores silvestres, espigas de trigo y paisajes campestres. Las transparencias, los lazos y las siluetas relajadas sustituyeron cualquier gesto excesivamente teatral, construyendo una colección profundamente poética que encontró belleza en la sencillez.
Uno de los momentos más comentados llegó al cierre del desfile, más que eliminar la figura de la novia, Blazy reescribió su significado. Tradicionalmente, Chanel cierra con una propuesta de vestido nupcial ahora desplazaron esta salida del cierre, cuestionó el tradicional «final feliz» de los cuentos de hadas, eje conceptual de toda la colección, para concluir con el vestido negro que mejor representa el legado de Gabrielle Chanel, una mujer cuya historia nunca necesitó terminar en matrimonio para convertirse en leyenda.








Además de emocionarnos por el debut, la colección funcionó como una declaración de intenciones, la nueva Chanel apuesta por una elegancia silenciosa, donde el lujo se expresa a través de la sensibilidad y la precisión artesanal.
La atmósfera del desfile fue tan importante como las prendas. El Grand Palais se transformó en un bosque encantado, con gigantescos tallos de judías, lianas que ascendían hacia el techo y flores monumentales en tonos fucsia, amarillo, naranja y violeta que remitían tanto a los cuentos clásicos como al imaginario de Hayao Miyazaki.
La banda sonora acompañó ese viaje con una selección nostálgica que alcanzó uno de sus momentos más emotivos cuando comenzó a sonar «Kiss Me» de Sixpence None the Richer durante la aparición de la novia, reforzando el aire romántico de la escena antes de que Blazy sorprendiera al romper la tradición de cerrar el desfile con ese look. La paleta cromática transitó entre marfiles, cremas, negro, rojo intenso, verdes musgo y delicados tonos pastel, mientras los accesorios se convirtieron en pequeños objetos de fantasía, fueron bolsos con forma de osos, libros, frijoles mágicos y miniaudières inspiradas en los cuentos infantiles aportaron un guiño lúdico que contrastó con la impecable ejecución de la alta costura.
Blazy se enfocó en contar cuentos en lo personal, podría hacerle un poema a cada uno de los elementos que vi de la colección.
El nuevo lenguaje de Dior: arte, volumen y la visión de Jonathan Anderson
En su segunda colección de Alta Costura para Dior, Jonathan Anderson confirmó que su visión para la maison no pasa por la nostalgia, sino por la experimentación artística. Presentada en los jardines del Musée Rodin, uno de los escenarios más emblemáticos de la Semana de la Alta Costura de París, la colección convirtió la pasarela en un diálogo entre moda y escultura. El diseñador tomó como punto de partida la obra de la artista estadounidense Lynda Benglis, conocida por transformar materiales bidimensionales en formas orgánicas y tridimensionales, una idea que Anderson trasladó al lenguaje de la costura a través del plisado manual, el drapeado y el anudado.
La banda sonora, de carácter minimalista y contemplativo, acompañó el ritmo pausado del desfile, reforzando una atmósfera casi museográfica donde cada salida podía apreciarse como una pieza de arte en movimiento. La paleta cromática se construyó sobre una base de blanco, gris, plata y negro, interrumpida por destellos de verde bosque, azul intenso y bordados florales inspirados en los paisajes de Ahmedabad, en la India, y Santa Fe, Nuevo México, dos lugares fundamentales en la producción artística de Benglis.
Las siluetas combinaron la precisión de la sastrería Dior, con nuevas interpretaciones de la icónica Bar Jacket, con vestidos de gasa translúcida, abrigos de flecos, estructuras plisadas y volúmenes que parecían moldeados más que confeccionados. Los accesorios tuvieron un papel protagónico, bolsos metálicos de apariencia escultórica desarrollados en colaboración con Benglis, versiones del Lady Dior y del Petit Dîner intervenidas con antiguos textiles chintz del siglo XVIII, joyería elaborada por los talleres de Jaipur y zapatos adornados con aplicaciones florales que reforzaban el carácter artesanal de la colección. Anderson presentó una reflexión sobre el futuro de la alta costura, un espacio donde el arte contemporáneo, la investigación material y el savoir-faire de los ateliers convergen para redefinir el lujo desde una perspectiva profundamente cultural.











Schiaparelli y el encanto del surrealismo como su lenguaje radical de la alta costura
Daniel Roseberry fue el encargado de inaugurar la Semana de la Alta Costura de París con un desfile celebrado en el Petit Palais. Titulada The Call of the Void, la colección nació de un momento de bloqueo creativo que llevó al diseñador estadounidense a cuestionar la idea de repetir fórmulas de éxito. Inspirado en el concepto francés l’appel du vide, se impulso irracional de lanzarse hacia lo desconocido, y tras un viaje a Barcelona para estudiar la arquitectura de Antoni Gaudí, Roseberry construyó una propuesta donde el riesgo creativo se convirtió en el verdadero hilo conductor. Daniel Roseberry Antoni Gaudí
La puesta en escena reforzó ese discurso desde el primer instante. Sobre una pasarela de efecto espejo instalada en el Petit Palais, una banda sonora dramática acompañó una grabación con la voz del propio Roseberry, quien narró el proceso creativo detrás de la colección y su decisión de abandonar la necesidad de controlar cada resultado para abrazar la incertidumbre. Esa atmósfera casi cinematográfica preparó el terreno para una sucesión de siluetas que desdibujaban la frontera entre el cuerpo humano y la escultura, convirtiendo cada salida en una pieza de arte en movimiento.
Lejos de apoyarse únicamente en los códigos surrealistas de Elsa Schiaparelli, Roseberry exploró nuevas posibilidades materiales al reemplazar sedas, lanas y satines por látex, silicona y superficies moldeadas, de esta forma nos deja claro que la alta costura no depende de la nobleza del tejido, sino del virtuosismo con el que este es transformado.
Bustos hiperrealistas fundidos en silicona, estructuras anatómicas, flores construidas a partir de medias tensadas sobre alambre, superficies que imitaban pintura solidificada y bordados realizados completamente a mano evidenciaron el extraordinario trabajo de los ateliers, donde la innovación tecnológica convivió con un savoir-faire centenario.
La colección también supuso una evolución cromática para Schiaparelli. Aunque el negro brillante, el crudo encerado y el icónico dorado de la maison permanecieron como anclas visuales, Roseberry incorporó una paleta inesperadamente luminosa inspirada en la flora y la fauna marina, con tonos rosa langosta, violeta, mandarina, azafrán, verde menta pálido y azules lechosos. Los accesorios continuaron esa exploración orgánica mediante nuevas versiones del Secret Bag adornadas con flores bordadas y picos de crinolina, el debut del zapato The Bubble —una silueta metálica cubierta por una funda de silicona— y joyería escultórica con tentáculos de pulpo, conchas marinas y anémonas reinterpretadas en metal dorado y porcelana.
The Call of the Void planteó una reflexión sobre el acto mismo de crear. Roseberry defendió que la alta costura sigue siendo el territorio donde la imaginación, el error y el trabajo manual desafían cualquier lógica de automatización.









El debut de Pierpaolo Piccioli abre un nuevo capítulo para Balenciaga
Uno de los momentos más esperados de la semana fue el debut de Pierpaolo Piccioli al frente de Balenciaga. Lejos de replicar el lenguaje provocador de la etapa anterior, el diseñador italiano apostó por una colección que recuperó la esencia arquitectónica de Cristóbal Balenciaga desde una mirada profundamente humana.
Presentada al aire libre en la Cité Internationale Universitaire de Paris, la propuesta combinó los volúmenes escultóricos característicos de la maison con una explosión de color,del negro y marfil a verdes, corales, violetas y rosas vibrantes, de esta manera nos enseña como en la alta costura también puede ser un ejercicio de emoción.
Capas monumentales, plumas, siluetas globo, sastrería impecable y vestidos de gazar reafirmaron el protagonismo de los ateliers y marcaron el inicio de una nueva etapa para Balenciaga, donde el legado de Cristóbal convive con la sensibilidad poética que convirtió a Piccioli en uno de los grandes nombres de la costura contemporánea.








Robert Wun en la Semana de la Moda de París 2026: la colección inspirada en Hayao Miyazaki que convirtió la alta costura en un cuento cinematográfico
Robert Wun volvió a consolidarse como una de las voces más originales de la alta costura contemporánea con Child’s Play, una colección presentada en el Théâtre du Châtelet que encontró inspiración en el universo del cineasta japonés Hayao Miyazaki.
Lejos de realizar una referencia literal a películas como El viaje de Chihiro o El castillo en el cielo, Wun tomó la esencia emocional de sus historias para construir un desfile donde la imaginación, la inocencia y la fantasía convivieron con una impecable ejecución técnica.
Vestidos de enormes volúmenes, flores tridimensionales, capas dramáticas y una sastrería precisa dieron forma a personajes que parecían salir de un universo fantástico. Cada look narraba una historia distinta, haciendo que la pasarela se sintiera más cercana a una obra de teatro que a un desfile convencional.
La propuesta también destacó por una paleta cromática que osciló entre negro, blanco, rojo intenso, azul eléctrico, verde esmeralda y suaves tonos pastel, creando un contraste constante entre dramatismo y fantasía.
Wun exploró vestidos de volúmenes monumentales, siluetas globo, hombros escultóricos, capas teatrales y una sastrería de líneas precisas, enriquecidas con bordados artesanales, aplicaciones tridimensionales y lazos de gran formato. Los accesorios y elementos escenográficos, como peluches, globos y guiños a personajes de cuentos clásicos, reforzaron el carácter narrativo de una colección donde cada salida parecía formar parte de un universo cinematográfico propio.





La semana de la alta costura en París temporada Otoño/Invierno 2026-2027 dejó una conclusión clara,las maisons ya no buscan únicamente crear el vestido más espectacular, sino construir relatos donde la artesanía, el arte, la memoria y la imaginación dialogan con los desafíos del presente. Se siente una nueva ola de pasarelas que hacen soñar y looks que se tatúan en nuestra memoria.



