Que la moda vuelva a sentirse como algo que sucede, también, fuera de la pasarela.

Durante mucho tiempo, hablar de Fashion Week significaba hablar casi exclusivamente de Nueva York, Londres, Milán y París. Eran, y siguen siendo, las cuatro grandes capitales del calendario de la moda. Sin embargo, en los últimos años una ciudad ha conseguido hacerse un espacio propio entre ellas: Copenhague. Lo interesante es que su crecimiento no parece responder a una intención de convertirse en una copia de las grandes semanas de la moda, sino todo lo contrario, Copenhagen Fashion Week ha conseguido construir una identidad que se siente particularmente suya.

Parte de este fenómeno tiene que ver con el llamado Copenhagen  style. La estética escandinava dejó hace tiempo de ser sinónimo de minimalismo absoluto y comenzó a incorporar color, capas, proporciones inesperadas y una mezcla mucho más relajada entre lo funcional y lo divertido. Marcas como Ganni, Stine Goya, Rotate, Cecilie Bahnse, The Garment, MKD Studio, entre otras, han ayudado a construir esta nueva imagen de la moda danesa, prendas que pueden sentirse comerciales, pero que conservan una personalidad muy marcada.

Y ahí entra uno de los elementos que, desde mi perspectiva, más ha ayudado a posicionar a Copenhague: el street style. Si hay algo que hace que esta Fashion Week sea particularmente atractiva en redes sociales, es que muchas veces la conversación no termina cuando sale el último look de la pasarela. Continúa en las calles.

El estilo de quienes asisten a los shows se convirtió en parte del espectáculo. La mezcla entre prendas deportivas, sastrería, básicos, piezas vintage y accesorios llamativos creó una estética mucho más cercana a cómo realmente nos vestimos. En Copenhague la capacidad de mezclar códigos es, precisamente, una de las razones por las que el street style de la ciudad genera tanta conversación. 

Una de las cosas que más atención ha tenido esta fashion week son los accesorios:  bolsas, lentes, zapatos, joyería, cinturones e incluso pequeños objetos que antes podían parecer secundarios comenzaron a adquirir el protagonismo suficiente para convertirse en statement pieces. En lugar de construir un look alrededor de una sola prenda llamativa, la moda de Copenhague demuestra que un accesorio puede ser el elemento que transforma por completo un look.

Esto también responde a un cambio en la manera en que consumimos moda, el street style de Copenhague ha ayudado a hacer visible esta lógica y a convertirla en parte de la conversación de tendencias.

Pero existe otro elemento que resulta fundamental para entender el crecimiento de Copenhague, la sostenibilidad. En 2023, Copenhagen Fashion Week se convirtió en la primera gran Fashion Week en establecer requisitos de sostenibilidad como parte del proceso de admisión de las marcas a su calendario oficial. Desde entonces, las firmas deben cumplir una serie de estándares relacionados con aspectos ambientales y sociales para poder participar.

Esto no significa que todas las marcas que desfilan en Copenhague sean automáticamente sostenibles, la propia organización ha comentado que cumplir sus requisitos no equivale a recibir una certificación de sostenibilidad, pero sí demuestra una intención de cambiar las reglas de la moda.

Y quizá ahí está la verdadera razón por la que Copenhague resulta tan interesante. No está intentando competir con París en Alta Costura ni con Milán en tradición. Está construyendo otro tipo de relevancia, una que mezcla diseño emergente, streetwear, cultura digital, accesorios, sostenibilidad y una estética que resulta aspiracional pero, al mismo tiempo, cercana.

Tal vez el mayor logro de Copenhagen Fashion Week es haber demostrado que ya no existe una sola manera de construir relevancia dentro de la industria. Mientras París tiene la historia, Milán el lujo y Nueva York una fuerte tradición comercial, Copenhague está construyendo su propio territorio alrededor de una moda más experimental, cotidiana y consciente.

Y si algo nos ha enseñado su street style es que, muchas veces, las tendencias no necesitan aparecer primero en una pasarela. Pueden comenzar en la calle, en la forma en que alguien combina una bolsa, unos zapatos o unos lentes con prendas que ya existen en su armario. Quizá esa sea la verdadera fuerza de Copenhague: hacer que la moda vuelva a sentirse como algo que sucede, también, fuera de la pasarela.

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