En Via Veneto, el hotel de Experimental reinterpreta el glamour romano con interiores de Rodolphe Parente, cocina de Giovanni Passerini y una piscina suspendida sobre la ciudad.

Via Veneto fue el escenario de una Roma entregada al espectáculo: estrellas de cine, paparazzi y noches que parecían no tener final. Décadas después, Experimental Roma retoma esa historia desde un antiguo edificio bancario y la transforma en una experiencia contemporánea. Inaugurado el 10 de octubre, el hotel reúne 82 habitaciones, un restaurante, un bar de cócteles y una terraza con piscina. Su apuesta no consiste en reconstruir los años dorados, sino en reinterpretar su estética sin convertirla en una postal.

El diseño entre el exceso y la precisión

A cargo del interiorismo, Rodolphe Parente trabaja con las contradicciones que definen a Roma: esplendor y decadencia, tradición y modernidad, solemnidad y hedonismo. El lobby combina una escalera escultórica con referencias a Gio Ponti, Carlo Scarpa y Luigi Caccia Dominioni. Mármol, acero inoxidable, tonos terracota y superficies brillantes construyen una atmósfera teatral con guiños a los años setenta.

Las habitaciones desarrollan dos lenguajes. Algunas apuestan por cabeceros drapeados, colores intensos y referencias a la Antigüedad; otras recurren a pátinas minerales, techos lacados y acero estriado para una estética más depurada. La selección artística, desarrollada con la colaboración de Maurizio Faraoni, incorpora referencias al arte conceptual y minimalista de los años setenta y ochenta. Las obras forman parte del lenguaje de los interiores, no son un accesorio añadido al final.

Giovanni Passerini: volver a Roma desde París

En Ludovisi e Cadore, el chef romano Giovanni Passerini firma una carta que cruza la tradición de su ciudad natal con la experiencia acumulada durante más de veinte años en Francia. Los tonnarelli cacio e pepe con trufa negra conviven con tagliatelle de ragú de ossobuco, aceitunas, alcaparras y azafrán. Los raviolis de hierbas y ricotta incorporan salvia y mantequilla de Normandía, mientras que la carrillera de ternera alla picchiapò recupera el carácter generoso de la cocina popular romana.

La propuesta entiende la tradición como una práctica que puede evolucionar sin perder identidad. El diseño del restaurante acompaña esa idea con terracota, mármol y metal pulido, en sintonía con la historia de Via Veneto, pero sin convertir la comida en una recreación de época.

Cócteles y una ciudad desde las alturas

El Experimental Cocktail Club Roma prolonga la atmósfera cinematográfica con sofás envolventes, cortinajes acolchados y una carta que mezcla ingredientes mediterráneos con combinaciones inesperadas. Nannarella reúne vodka, mastiha, manzana, rúcula y menta; Ginja combina ginebra, licor de cereza, rosa y hoja de higuera. También hay cócteles sin alcohol inspirados en barrios romanos y clásicos como el Old Cuban.

La experiencia culmina en el rooftop, donde la piscina y el bar abren vistas sobre los tejados de la capital italiana. Es el espacio más cercano al imaginario de la dolce vita: una invitación a prolongar la tarde, aunque ahora el espectáculo se contemple desde otra generación.

Después de la nostalgia

Experimental Roma se instala en una dirección cargada de historia, con el riesgo evidente de convertir el glamour en disfraz. Su propuesta encuentra mayor fuerza cuando se aleja de la imitación y combina diseño, arte y gastronomía con una identidad propia.

Roma no necesita otro homenaje a Fellini. Lo que necesita cualquier proyecto que trabaje con su legado es entender que el estilo no consiste en reproducir una época, sino en saber qué hacer con ella. En Via Veneto, Experimental apuesta por una dolce vita menos pendiente de recuperar el pasado que de darle una nueva puesta en escena.

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