Entre madera, vegetación, luz cálida y una cocina que juega con los sabores del norte y Baja California, El Tigre Silencioso presenta un menú especial durante septiembre que vale realmente la pena ir a probar. Nosotros lo hicimos y hay varios platos que todavía seguimos pensando.

El Tigre Silencioso tiene algo que se agradece desde que uno entra, su arquitectura, de inspiración norteña, construye una atmósfera cálida y contenida alrededor de la madera, los grandes ventanales, la luz baja y una estética que encuentra el equilibrio entre cantina, restaurante contemporáneo y bar. Todo está pensado para quedarse, tener una plática de verdad, comer sin prisa, pedir otro trago y dejar que la noche avance. Está abierto desde la 1:00 pm pero a nosotros nos gusta especialmente este lugar para cerrar el día.
La propuesta gastronómica, a cargo del chef David Castro Hussong, parte de los sabores del norte de México y Baja California para llevarlos a un terreno contemporáneo, mientras la barra de Daniela D’Acosta acompaña la experiencia con una carta pensada para beber prácticamente a cualquier hora del día.
Y durante septiembre hay una razón particularmente buena para sentarse a comer: El Tigre Silencioso lanzó un menú especial 100% mexicano que estará disponible durante todo el mes, tanto en comida como en cena.

Septiembre con hambre de presumir a México
El menú especial reúne cinco platos: tostada de pata y caracol, sopecitos de menudo de res y erizo, chile relleno de mariscos, barbacoa de pato y pozole seco con cerdo y langosta.
La combinación ya dice bastante sobre la cocina de El Tigre: producto mexicano, referencias reconocibles y una intención clara de llevarlas hacia combinaciones menos obvias.
Durante nuestra visita no pudimos probar los sopecitos de menudo de res y erizo debido al mal tiempo. La buena noticia es que la cocina tuvo una respuesta que terminó siendo una de las mejores sorpresas de la noche: unos mejillones impecables que llegaron a la mesa y fueron, literalmente, una locura. Con un fondo de chimichurri, coronado con moronas de chicharrón seco para servir en unas rebanadas de pan de masa madre. Desde el primer bocado nos cautivó su acidez y consistencia terrosa del mejillón que hacían un vals perfecto con los demás ingredientes.
Una entrada fresca, bien ejecutada y con ese punto exacto que hace que un plato aparentemente sencillo se convierta en uno de los momentos que más recuerdas de una comida.

La tostada de pata y caracol: sí, espectacular
Si hubiera que elegir uno de los platos que más nos convencieron, sería la tostada de pata y caracol.
Es uno de esos platos que consiguen que varios elementos distintos tengan sentido juntos. La textura de la pata, el caracol y el resto de los componentes generan una mordida con carácter, pero sin perder equilibrio. Es espectacular.
Y también funciona como una buena carta de presentación de lo que hace interesante al menú de septiembre: tomar ingredientes que pertenecen a una memoria gastronómica mexicana y colocarlos en una composición que se siente contemporánea, sin disfrazarlos de algo que no son.


Chile relleno, pero con mariscos
El chile relleno de mariscos y queso también merece atención, particularmente por el pulpo y una emulsión de pasilla con jitomate y nuez de la india.
Aquí el producto se roba la escena. El pulpo luce de maravilla dentro de una preparación que consigue que el chile funcione como vehículo y no simplemente como protagonista automático del plato.
Es una versión mucho más marina de un clásico profundamente mexicano y, precisamente por eso, tiene sentido dentro de la propuesta de El Tigre Silencioso.


La barbacoa de pato viene con advertencia
La barbacoa de pato no es un plato para pedir cuando vienes con ganas de “probar tantito”.
Aquí hay que llegar con hambre.
La preparación llega acompañada de puré de zanahoria tatemada, cebolla, cilantro y quesadillitas de harina, y funciona casi como un pequeño ritual de mesa: armar, probar, repetir.
Las quesadillitas de harina son especialmente importantes porque ayudan a convertir el plato en algo más cercano a una experiencia de compartir que a un plato individual convencional.
Si eres de los que consideran que una comida debe terminar con la sensación de haber comido muy bien, este es el camino. Quizá cuando te hagas los taquitos pienses que al pato le falta un par de gotitas de limón pero no hace falta absolutamente nada, ese acidito lo puedes conseguir con la salsa verde que desde que llegas en la mesa te dejan. Llega a la mesa emplatada con el cilantro y la medida de cebolla perfecta.


Y para beber: una noche que también se toma
La barra de El Tigre Silencioso acompaña muy bien la propuesta gastronómica.
Durante nuestra visita probamos un par de Batangas, una copa de vino y la Margarita de tuna roja con colonche. Esta margarita nos pedir un par más.
La Batanga cumple con lo que uno espera de ella: refrescante, directa y perfecta para acompañar una mesa que va creciendo en platos. Es muy ligera, perfecta.
Pero la Margarita de tuna roja con colonche fue la que aportó algo distinto. La combinación lleva tequila 1800, colonche, limón y jugo de tuna roja, y tiene ese perfil mexicano que no necesita recurrir al cliché para sentirse local.
La carta de tragos, además, está pensada para que el restaurante pueda funcionar desde temprano y continuar hasta bien entrada la noche.


Una arquitectura que entiende el concepto
Parte del encanto de El Tigre Silencioso está en que la experiencia no depende únicamente de lo que llega a la mesa.
La identidad del tigre aparece también como un elemento gráfico que atraviesa platos, cristalería y comunicación. Es un detalle pequeño, pero ayuda a que el concepto tenga continuidad.
Cuando un restaurante consigue que la arquitectura, la vajilla, la barra y la comida hablen el mismo idioma, la experiencia deja de sentirse como una suma de elementos bonitos y empieza a tener identidad. Estos son los lugares que RREVISTA realmente busca y recomienda, que todo tenga sentido, historia, atención, detalle, prestigio y sobre todo honestidad.

El Tigre Silencioso no necesita hacer demasiado ruido
Lo más interesante de El Tigre Silencioso es justamente la seguridad con la que aborda su propuesta.
No intenta convertir cada plato en un espectáculo. La cocina está más interesada en producto, contraste y memoria mexicana, y el menú de septiembre es donde esa intención se vuelve particularmente evidente.
Hay platos contundentes, otros más delicados y combinaciones que podrían sonar arriesgadas sobre el papel —menudo con erizo, pozole seco con langosta, chile relleno de mariscos— pero que tienen una lógica dentro de una cocina que entiende la tradición como punto de partida y no como una camisa de fuerza.
Nos quedamos con la tostada de pata y caracol, el chile relleno y, contra todo pronóstico, aquellos mejillones que llegaron a sustituir un plato que el clima nos impidió probar.
Salir hablando de lo que comiste, recordar los sabores y querer volver por lo que no alcanzaste a probar. Esa es una gran experiencia.
Este septiembre, El Tigre Silencioso tiene suficiente en la mesa para justificarlo.
El menú especial de septiembre
Tostada de pata y caracol
Sopecitos de menudo de res y erizo
Chile relleno de mariscos
Barbacoa de pato
Pozole seco con cerdo y langosta
Pastel de tres leches, disponible también como postre especial del mes.
Disponibles durante septiembre en horario de comida y cena.
UBICACIÓN Colima 159 1A, Mexico City, Mexico 06700
TE PUEDE INTERESAR



