…sobre diseño mexicano, territorio, inteligencia artificial, sostenibilidad y la necesidad de dejar de buscar respuestas en los mismos lugares.
Durante años, hablar de diseño mexicano significó hablar de objetos, materiales, artesanía o estética. Hoy la conversación es mucho más incómoda y, por eso mismo, más interesante: ¿quién diseña?, ¿desde dónde?, ¿para quién?, ¿quién participa en las decisiones y quién recibe los beneficios?

Foto por Nuria Lagarde
En el marco de What Design Can Do México GNP 2026, bajo el eje El otro diseño. Imaginar desde múltiples centros, Ricardo Lozano y Joanna Ruiz Galindo plantean una revisión necesaria de la disciplina. No se trata simplemente de ampliar el mapa del diseño, sino de cuestionar por qué durante tanto tiempo hemos aceptado que existen determinados centros desde los cuales se produce conocimiento, innovación y legitimidad.
Para Lozano, el cambio ya está ocurriendo. El diseño dejó de entenderse únicamente como producción de objetos y comenzó a asumirse como una herramienta capaz de organizar, mediar y transformar realidades sociales, comunitarias y ambientales.
Ruiz Galindo parte de una premisa similar, pero pone el foco en la diversidad de contextos que construyen lo que entendemos como diseño mexicano. No existe una sola manera de diseñar desde México: existe una red de conocimientos, territorios, procesos y personas.
La conversación entre ambos abre preguntas sobre innovación, inteligencia artificial, saberes comunitarios, greenwashing, migración, crecimiento y sostenibilidad. Pero, sobre todo, plantea una pregunta de fondo: ¿qué tenemos que desaprender para poder diseñar lo que viene?
El diseño ya no cabe en un objeto
Ricardo, desde tu trabajo como diseñador y gestor cultural, ¿qué ha cambiado en la manera en la que México entiende el diseño?
Ha cambiado la escala de la conversación. Antes se hablaba mucho del objeto, de la estética o de ciertos nichos de consumo. Hoy existe una comprensión más amplia del diseño como una herramienta para organizar, mediar y transformar realidades.
El diseñador ya no se entiende solo como alguien que produce objetos, sino como una persona capaz de articular procesos: desde el uso de recursos hasta la respuesta a distintos retos sociales, comunitarios y ambientales. El diseño también tiene que ver con cómo construimos nuestra vida colectiva.

Esta edición propone “El otro diseño. Imaginar desde múltiples centros”. ¿Qué significa dejar de pensar que existe un único centro desde donde se produce conocimiento y creatividad?
Ricardo: Significa reconocer que el conocimiento no se produce únicamente en las grandes capitales, las universidades más visibles o los centros tecnológicos. También surge de otras latitudes, de las necesidades cotidianas y de las experiencias de comunidades que han desarrollado formas propias de resolver problemas.
No se trata de sustituir un centro por otro. Se trata de construir una conversación más horizontal, donde distintas experiencias puedan tener el mismo valor. Una comunidad rural, un barrio de la periferia o una academia internacional pueden aportar perspectivas igualmente relevantes.
Diseñar desde México, no para México
México ocupa una posición particular entre el Norte y el Sur Global. ¿Cómo puede esa ubicación convertirse en una ventaja creativa?
Ricardo: México vive muchas de esas tensiones todos los días. Tenemos dinámicas económicas, tecnológicas y culturales vinculadas con el norte, pero también conocimientos, tradiciones, identidades y formas de ser profundamente relacionadas con el Sur Global.
Esa posición nos permite traducir, cuestionar y combinar distintos marcos de pensamiento. Podemos dialogar con herramientas contemporáneas sin perder de vista la cultura, la memoria y las condiciones locales.
Joanna, ¿qué significa hablar de diseño mexicano en 2026?
Joanna: Significa alejarnos de los clichés y entender que no existe una sola forma de hablar de diseño mexicano. Es una red muy diversa de conocimientos, procesos, localidades y personas.
Hablar de diseño también implica hablar de trabajo justo, sentido de pertenencia, resguardo de la memoria material e inmaterial, innovación y, sobre todo, de las condiciones reales en las que se produce.
¿Qué tan innovadora es la innovación?
Hoy hablamos constantemente de innovación. Pero ¿qué tan innovadoras son las soluciones cuando seguimos diseñando desde los mismos referentes e instituciones?
Ricardo: A veces llamamos innovación a una mejora superficial de lo que ya existe. Pero si las preguntas, los indicadores de éxito y las estructuras de decisión siguen siendo las mismas, es difícil que el resultado realmente transforme algo de fondo.
La innovación más relevante es la que se pregunta quién plantea los problemas, quién participa en las decisiones y a quién beneficia una solución. No es una cuestión estética ni una actualización mínima.

La tradición también es presente
México tiene una enorme riqueza de saberes artesanales. ¿Cómo podemos hablar de innovación sin colocarlos en una posición de “tradición” frente a un diseño supuestamente contemporáneo?
Joanna: Hay que reconocer que los conocimientos artesanales son conocimientos vivos, complejos y en constante transformación. La división entre “tradición” y “contemporaneidad” muchas veces responde a una jerarquía que realmente no refleja la realidad.
Innovar también incluye adaptar conocimientos existentes a nuevas necesidades, tomando en cuenta los materiales, el contexto, la colaboración y la congruencia. Debe partir de conocimientos y experiencias profundamente vigentes.
¿Y dónde está la línea entre visibilizar un saber comunitario y convertirlo en una tendencia de mercado?
Joanna: La diferencia está en cómo se construye la relación. Visibilizar implica consentimiento, reconocimiento, participación en las decisiones y una distribución justa de los beneficios.
El problema aparece cuando se toma una estética, una técnica o una historia sin contexto ni retribución y se convierte en un recurso comercial para alguien más. La clave es pasar de la extracción a la colaboración.
Diseñar también es tomar posición
¿Qué responsabilidad tiene hoy un diseñador frente a problemas como la crisis climática o la desigualdad?
Ricardo: La neutralidad absoluta no existe. Cada decisión de diseño —material, logística, económica o conceptual— tiene consecuencias.
Tomar posición significa entender esas consecuencias y asumir responsabilidad por ellas. Antes que resolver problemas complejos, el diseño debe evitar agudizarlos y participar en procesos más justos, informados y responsables.
Joanna, el programa también aborda el greenwashing. ¿Qué deberíamos cuestionar cuando una propuesta se presenta como sostenible?
Joanna: Hay que mirar el sistema completo, no solo el material o el empaque. Una propuesta no es sostenible únicamente porque use un insumo reciclado. Importa cómo se produce, qué condiciones laborales existen, de dónde provienen los materiales, cómo se obtienen y cuál es el impacto a largo plazo.
La sostenibilidad tiene que considerar las dimensiones ambientales, sociales, éticas y económicas. Si no es más que un argumento de venta, entonces no es nada. Se queda en una promesa vacía.
La inteligencia artificial también necesita contexto
La inteligencia artificial está transformando la industria creativa. ¿Qué debería preguntarse un diseñador antes de incorporarla a su trabajo?
Ricardo: Primero tenemos que preguntarnos qué hay detrás de estas herramientas: qué recursos consumen, qué datos utilizan, qué sesgos pueden reproducir y quién se beneficia de su uso.
También vale la pena preguntarse si la IA está ampliando la capacidad crítica y creativa de un proyecto o si solamente está acelerando procesos sin reflexión. Puede ser una herramienta muy útil, siempre que se use con contexto, criterio y responsabilidad.
Lo pequeño también importa
En un momento en que todo parece tener que escalar, ¿cómo se protege el valor de lo pequeño, lo local y lo hecho a mano?
Joanna: Cuestionando la idea de que crecer siempre significa producir más. Hay proyectos cuya fuerza está justamente en su escala, en su ritmo y en el vínculo cercano con quienes los hacen y los consumen.
Proteger lo pequeño implica valorar el tiempo, la singularidad, los mercados justos y las redes de apoyo. No todo tiene que convertirse en un modelo masivo para ser valioso o sostenible.
Dejar de buscar validación afuera
Después de tantos años impulsando iniciativas alrededor del diseño mexicano, ¿qué les sigue sorprendiendo de la creatividad que aparece fuera de los lugares que tradicionalmente concentran la conversación?
Joanna: La capacidad de resolver y crear a partir de condiciones complejas. Fuera de los circuitos más visibles hay soluciones muy inteligentes, poéticas y precisas, construidas desde la observación del entorno y el trabajo colectivo, con una capacidad enorme para transformar la manera en que entendemos el diseño.
Ricardo: Que dejemos de buscar validación únicamente fuera y empecemos a reconocer la capacidad que existe en nuestros propios territorios, comunidades y procesos.
El futuro del diseño dependerá de nuestra capacidad de aprender a cuidar la vida, la comunidad y el entorno por encima de tendencias y tecnologías que hacen un uso desmedido de los recursos.
¿Qué necesitamos desaprender?
Ricardo y Joanna, si el diseño tiene la capacidad de transformar la manera en que habitamos el mundo, ¿qué necesitamos desaprender antes de empezar a diseñar lo que viene?
Necesitamos desaprender la idea de que diseñar siempre significa producir algo nuevo y que el ser humano está separado de la naturaleza, porque definitivamente no lo está.
También necesitamos cuestionar la prisa y esa noción de crecimiento infinito. Muchas veces diseñar implica escuchar, reparar, hacer espacio para otras voces y cuidar lo que ya existe.
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