Una exposición donde el objeto cotidiano abandona su función para convertirse en territorio de experimentación.
Desde 2019, Artycapucines explora esa pregunta a través de colaboraciones que llevan el universo creativo de artistas contemporáneos al diseño de la Capucines, una de las siluetas emblemáticas de Louis Vuitton. Para Art Basel Paris 2026, la Maison reúne esta historia en una retrospectiva instalada en el Balcon d’Honneur del Grand Palais, del 23 al 25 de octubre.

La exposición presenta piezas junto a obras de los artistas que las inspiraron, por mencionar los más importantes: Yayoi Kusama y Takashi Murakami, creando un diálogo entre dos lenguajes, la libertad de la creación artística y la precisión del trabajo artesanal. En total, participan 14 artistas, cuyas distintas aproximaciones al color, la materia, el volumen y la imagen revelan hasta dónde puede transformarse un objeto cuando deja de responder únicamente a su función.
El montaje también forma parte del relato. Inspirada en los archivos y el transporte de obras de arte, la escenografía incorpora cajas abiertas, pedestales y estructuras que evocan los históricos baúles de la Maison. El aluminio cepillado y la lona de algodón dialogan con el verde de la estructura metálica del Grand Palais. La referencia no es casual, antes de convertirse en una de las casas de lujo más reconocidas del mundo, Louis Vuitton construyó su historia alrededor del equipaje, la protección y el traslado de objetos valiosos. Aquí, esa herencia se encuentra con una nueva forma de entender el viaje: el que ocurre entre una idea y su materialización.

Catorce artistas, catorce universos
La retrospectiva reúne creadores con lenguajes radicalmente distintos. Alex Israel lleva sus formas recortadas y colores vibrantes a una interpretación de la Capucines; Urs Fischer introduce su sentido del humor con una propuesta inspirada en sus célebres plátanos. Sam Falls traslada su interés por las impresiones botánicas, mientras Tschabalala Self incorpora su exploración de la figura y el textil a una composición sobre el cuero.
También aparecen las investigaciones pictóricas de Josh Smith y Henry Taylor, las superficies construidas con cintas de casete de Gregor Hildebrandt y las formas escultóricas de Kennedy Yanko. En el trabajo de Liza Lou, la repetición y el trabajo manual adquieren protagonismo mediante una superficie de cuentas de vidrio pintadas; Billie Zangewa, lleva su universo figurativo íntimo al bordado en seda.
Cada pieza conserva rastros reconocibles de su creador. El bolso no funciona como un lienzo neutral, sino como una estructura con límites, materiales y una identidad previa que el artista debe asumir, tensionar o transformar. La colaboración ocurre precisamente en ese espacio: entre lo que la Maison ha perfeccionado durante décadas y aquello que cada artista decide cuestionar.
La retrospectiva también reconoce colaboraciones de largo recorrido. Takashi Murakami, Yayoi Kusama y Frank Gehry forman parte de esta historia: desde el universo gráfico y lúdico de Murakami hasta las calabazas de Kusama y las formas orgánicas de las lámparas de Gehry, sus obras permiten observar cómo una misma sensibilidad puede atravesar disciplinas diferentes sin perder su carácter.









Keith Haring: un nuevo capítulo para Artycapucines
La edición de París presenta, además, una nueva colección de Artycapucines dedicada a Keith Haring. Las siluetas incorporan figuras, bailarines, corazones en movimiento y cadenas de símbolos que remiten al lenguaje visual inmediato y energético del artista estadounidense. La colección se exhibe junto a una maleta Louis Vuitton de la década de 1930 que Haring firmó en los años ochenta, un encuentro que conecta la historia material de la Maison con el imaginario de uno de los artistas más reconocibles del arte contemporáneo.
La referencia resulta especialmente significativa dentro de una exposición construida alrededor de la traducción entre lenguajes. Haring desarrolló una iconografía capaz de circular entre el espacio público, la pintura y distintos soportes sin perder su fuerza gráfica. Llevar ese universo a la Capucines implica trabajar con una identidad visual muy definida y encontrar la manera de trasladarla a otro objeto.

Del oficio al diálogo cultural
La relación de Louis Vuitton con los artistas precede por mucho a Artycapucines. En 1920, la Maison colaboró con Pierre Legrain, y durante el siglo XX continuó vinculando su trabajo con la ilustración, el diseño y la creación de objetos asociados al viaje. La retrospectiva de Art Basel Paris recupera esa trayectoria, pero también muestra cómo una colaboración puede convertirse en una forma de investigación material.
El savoir-faire no aparece aquí como un detalle secundario. La estructura de la Capucines debe adaptarse a intervenciones pictóricas, ensamblajes, retratos y tratamientos escultóricos sin perder su condición de objeto de marroquinería. La labor de los artesanos y la visión de los artistas se encuentran en un proceso donde la técnica hace posible lo que la imaginación propone.
En el contexto de Art Basel Paris, esa conversación adquiere otra dimensión. La feria reúne distintas formas de aproximarse al arte moderno y contemporáneo, mientras que la retrospectiva de Louis Vuitton sitúa un objeto de lujo dentro de esa conversación cultural. La cuestión no es si un bolso puede convertirse en obra de arte, sino qué sucede cuando el diseño, la artesanía y la creación contemporánea se encuentran sin que ninguno de esos lenguajes desaparezca por completo.
En el Grand Palais, Artycapucines convierte siete años de colaboraciones en un archivo vivo de posibilidades. Una historia donde el lujo no se limita al acabado de un objeto: también se expresa en el tiempo, la técnica y las ideas necesarias para transformarlo.
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