En The Art of Time, Franck Muller y el artista Amador Montes llevan el lenguaje del arte contemporáneo a la alta relojería, con una edición limitada de 60 piezas donde cada detalle importa.

The Art of Time, es la colaboración entre Franck Muller y Amador Montes, que nace para intervenir uno de los diseños emblemáticos de la manufactura suiza: el Vanguard. El resultado no busca borrar la identidad del reloj, sino explorarla desde otra perspectiva, en un encuentro entre precisión técnica, color y sensibilidad visual.


En The Art of Time, cada hora se convierte en un signo del universo artístico de Amador Montes. Sus ilustraciones y referencias personales toman la carátula como un espacio de expresión, mientras la típula —una figura recurrente en su obra— inspira las manecillas a partir de sus alas. Así, el tiempo se lee también a través de su lenguaje visual: cada detalle suma una capa de significado y transforma el Vanguard en un objeto donde el diseño relojero y la sensibilidad del artista conviven en una misma pieza.

El diseño se construye a partir de contrastes cuidadosamente elegidos. La carátula color camel, con acabado microbillé, incorpora ilustraciones y referencias personales del maestro Amador, mientras que la corona en rosa introduce uno de los tonos distintivos de su lenguaje visual. La combinación evita que el reloj se convierta en una superficie saturada de imágenes: la propuesta consiste en integrar el arte a la estructura del Vanguard sin perder el equilibrio entre legibilidad, proporción y carácter.

El diseño está en los detalles

La colección se presenta en cuatro versiones que exploran dos tamaños y dos materiales: acero y oro rosa 5N. Los modelos de 35 milímetros se producen en acero y oro rosa, con diez piezas de cada uno; en 41 milímetros, la versión de acero suma 30 ejemplares, mientras que la de oro rosa se limita a diez. En total, son 60 relojes numerados, una escala que sitúa la colaboración en el territorio de las piezas de colección.

La diferencia entre versiones no se limita al acabado exterior. Los relojes de 35 milímetros incorporan el movimiento automático calibre 708VS, mientras que los de 41 milímetros funcionan con el calibre automático 2250. Cada pieza incluye dos correas intercambiables, una rosa y otra camel, que permiten modificar su presencia sin alterar el diseño esencial. El estuche, concebido también por Amador Montes, extiende el lenguaje artístico más allá del reloj y convierte el acto de abrirlo en una continuación de la colaboración.

Ese cuidado por los elementos que rodean al objeto es parte de lo que vuelve interesante la propuesta desde el diseño. La intervención no termina en la carátula: recorre los materiales, los acentos de color, las proporciones y la presentación. La pieza funciona así como un pequeño sistema visual, donde cada decisión responde a una relación entre la identidad relojera de Franck Muller y el universo del artista.

Una colaboración que mira hacia México

Con más de 25 años de trayectoria y exposiciones en América, Europa y Asia, Amador Montes ha desarrollado un lenguaje propio dentro de la escena artística mexicana. Su participación no se plantea como una simple aplicación de imágenes sobre un producto de lujo, sino como una reinterpretación de un objeto cuya forma ya posee una identidad reconocible.

The Art of Time forma parte de Art in Time, una iniciativa de Franck Muller México desarrollada en 2025 para crear ediciones limitadas anuales junto a artistas mexicanos. La propuesta abre un espacio de intercambio entre disciplinas que suelen presentarse por separado, pero que comparten una atención especial a la materia, la ejecución y la construcción de un lenguaje visual.

Fotos por Carlos Ruizc

En esta edición, el interés está en la escala de la intervención. El arte no sustituye al diseño del Vanguard ni lo convierte en un soporte neutral: trabaja con sus códigos y los desplaza lo suficiente para producir una lectura distinta. Esa tensión entre lo reconocible y lo inesperado es la que sostiene la colaboración.

Porque el diseño de un reloj no se agota en su mecanismo ni en la precisión con la que marca las horas. También vive en la manera en que sus materiales dialogan, en cómo una proporción modifica su presencia y en el significado que adquiere un detalle cuando se mira de cerca. En The Art of Time, Franck Muller y Amador Montes encuentran ahí su punto de encuentro: en un objeto donde el tiempo, además de medirse, puede interpretarse.

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