Una pop-up que sucedió el mismo día en ciudades como Paris, Londres, Toronto, Sao Paulo, México y Melbourne, inspirados en un supermercado donde pudimos reflexionar sobre el precio real de los del cuidado de la piel.
En esta activación dentro del espacio, artículos cotidianos aparecen con etiquetas de precio exageradas que generan sorpresa inmediata. La comparación es intencional, ahora cada que como un vocado de aguacate soy más consciente de lo que mi cuerpo va a absorver: así como un consumidor cuestionaría pagar una cifra absurda por un producto del supermercado, la experiencia invita a reflexionar sobre cómo se construyen los precios en el skincare.



Para The Ordinary, el valor de un producto no debería definirse por el empaque o la narrativa de lujo, sino por sus ingredientes, su función y la evidencia científica detrás de la fórmula.
Esta experiencia nos hace una reflexión qué estamos comprando y por qué, reforzando la idea de que el skincare efectivo no necesita precios inaccesibles para ser relevante.



