Miuccia Prada y Raf Simons abrieron la Semana de la Moda de Milán con una colección de 63 looks construida alrededor de una sola pieza: la falda. El resultado es una investigación sobre la contradicción, la feminidad y los límites de una prenda que Prada lleva décadas convirtiendo en materia de pensamiento.

Prada decidió abrir la Semana de la Moda de Milán con una apuesta que, sobre el papel, podría parecer peligrosamente sencilla: hacer una colección completa alrededor de una falda. El 22 de septiembre, en Via Lorenzini 14, Miuccia Prada y Raf Simons presentaron 63 looks para Primavera/Verano 2027 y, en todos ellos, la parte inferior estaba construida alrededor de este mismo objeto. No hubo pantalones ni vestidos.
La decisión no es nueva dentro del universo Prada. Para Miuccia, la falda ha funcionado durante décadas como una especie de superficie de experimentación. Wallpaper recupera una frase que la diseñadora pronunció en 2006: “A skirt is like a T-shirt”, una idea que ahora adquiere otra dimensión al convertirse en la estructura completa de una colección.
Prada no necesitó inventar una nueva prenda para construir una colección. Necesitó preguntarse cuánto podía decir una sola.

Una falda, 63 posibilidades
La respuesta apareció en una colección que llevó el concepto hasta sus últimas consecuencias. Hubo minifaldas, midi, plisadas, de cuero, nylon, organza transparente, estampados florales y versiones cubiertas de aplicaciones. Algunas aparecieron ceñidas al cuerpo, otras tenían volumen, unas estaban atravesadas por aberturas pronunciadas y otras parecían construidas a partir de capas superpuestas.
También hubo faldas que funcionaban casi como objetos transformables. Algunas incorporaban cierres de Velcro ornamentados para permitir distintas formas de llevarlas; otras utilizaban tul, cristales, algodón, nylon translúcido o estructuras que parecían desmontarse frente al espectador.
La colección se movió constantemente entre lo reconocible y lo extraño. Una camisa de apariencia corporativa podía acompañar una falda plisada de proporciones casi escultóricas; un top de satén podía encontrarse con una pieza de líneas limpias; una falda floral con una abertura hasta la cadera aparecía debajo de un impermeable de nylon.

Raf Simons explicó que la falda permitía precisamente eso: reunir estados de ánimo y códigos distintos dentro de una misma prenda. Trabajo, sensualidad, comodidad, lujo. La falda como una estructura suficientemente flexible para contener versiones diferentes de una mujer.
La feminidad Prada nunca ha sido complaciente
La colección también recuperó una de las obsesiones más reconocibles de Miuccia Prada: hacer que lo femenino resulte incómodo.
Hubo una sensualidad mucho más evidente que en otras propuestas recientes de la casa. El desfile comenzó con una falda roja de abertura alta acompañada únicamente por un bra negro y después aparecieron tops mínimos, transparencias, cortes pronunciados y prendas que dejaban el cuerpo deliberadamente expuesto. Prada no convierte esa sensualidad en una idea convencional de glamour. La vuelve rara, incluso incómoda. Una falda de apariencia elegante puede estar construida en un material inesperado; una silueta aparentemente conservadora puede revelar una abertura extrema; una pieza delicada puede convivir con algo industrial.
La colección vuelve a encontrar uno de los códigos históricos de la casa, nos lleva a esa belleza que no tiene por qué ser agradable para ser interesante.







El escenario: una caja de luz
El desfile ocurrió dentro de un set iluminado con luz fluorescente en Fondazione Prada. El espacio había sido utilizado también para la colección masculina de la temporada y fue concebido por OMA. La estructura de piso de perspex y las tiras de iluminación producían una sensación casi clínica, como si las modelos caminaran sobre una enorme caja de luz.
La escenografía no buscó competir con la ropa. Al contrario, eliminó prácticamente cualquier distracción.
En un desfile cuyo argumento era reducirlo todo a una sola pieza, tenía sentido que el espacio hiciera exactamente lo mismo. Una superficie limpia, fría y artificial para observar cómo una falda podía transformarse una y otra vez.
Y entonces entró Lords of Acid
La música también rompió con la pulcritud visual del escenario.
Durante aproximadamente un tercio del desfile comenzó a sonar “I Sit On Acid”, de la agrupación electrónica belga Lords of Acid. El contraste fue deliberado y bastante más provocador que la imagen aparentemente controlada del espacio.
La elección funciona porque introduce una tensión que Prada conoce bien: una colección que puede parecer burguesa, ordenada y cerebral hasta que algo la desestabiliza.
La falda deja entonces de ser solamente una pieza asociada con elegancia o feminidad y se convierte en un objeto capaz de hablar de sexualidad, poder, contradicción y libertad.
¿Una gran idea o una obsesión llevada demasiado lejos?
Aquí es donde Prada se vuelve más interesante.
Porque hacer 63 looks alrededor de una falda puede parecer una demostración de control conceptual, pero también plantea una pregunta inevitable: ¿cuánto puede sostener una idea antes de convertirse en una fórmula?
Prada y Simons responden utilizando la repetición como método. No intentan convencer de que existe una sola falda perfecta. Demuestran exactamente lo contrario: que una misma categoría puede mutar hasta convertirse en algo prácticamente irreconocible.
El riesgo está en que la radicalidad conceptual puede confundirse con innovación. Que una colección tenga una premisa extremadamente clara no significa necesariamente que haya descubierto algo nuevo.
Y quizá esa sea precisamente la apuesta de Prada esta temporada. No hacer una colección que grite novedad, sino una que obligue a mirar nuevamente algo que la moda lleva siglos dando por sentado.
Prada no inventó la falda. Volvió a preguntarse para qué sirve.
La colección SS27 no necesita presentarse como una revolución de la indumentaria para resultar relevante. Su fuerza está en otra parte: en demostrar que todavía es posible tomar un objeto cotidiano y someterlo a una investigación formal, estética y cultural.
La falda aparece como uniforme, objeto, pieza de trabajo, prenda ceremonial, experimento textil y superficie para la contradicción.
Mientras buena parte de la industria intenta demostrar que el futuro necesariamente tiene que verse diferente, Miuccia Prada y Raf Simons hicieron algo más difícil, tomaron una prenda que ya conocemos y preguntaron cuánto más puede decir.
La respuesta fueron 63 veces.
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